Uno de los puntos más interesantes de la charla fue la importancia de la autonomía. Muchas veces, con la intención de ayudar, las familias terminan tomando decisiones por las personas mayores, limitando sus posibilidades y reemplazando el acompañamiento por el reproche. «Rápidamente perdemos la paciencia», señaló Bahamonde.
La jubilación tampoco debería significar el final de los proyectos. Universidades para adultos mayores, actividades recreativas, ejercicios cognitivos, viajes y nuevos aprendizajes son algunas de las alternativas que permiten mantener activa la mente.
Quizás la reflexión más poderosa sea que cada persona, sin importar su edad, debería tener la oportunidad de descubrir o continuar un sueño. Porque una persona mayor no deja de tener proyectos, deseos ni capacidades simplemente porque haya cumplido determinada edad.
La sociedad está envejeciendo y esto nos obliga a repensar cómo acompañamos a nuestros mayores. Pero también nos recuerda algo inevitable: algún día, todos llegaremos a esa etapa. La manera en que tratemos hoy a quienes nos precedieron también estará construyendo la sociedad en la que nosotros mismos vamos a envejecer.
