Un «espacio» en Madrid para salir del «laberinto» del TCA


Por Mar Ampuero y David Castellanos |

Una persona con trastorno de conducta alimentaria (TCA) que llama por primera vez en busca de ayuda es una persona asustada que seguramente sienta incertidumbre, vergüenza y agotamiento emocional. El trato humano y la escucha se hacen indispensables para afrontar el comienzo de la salida del «laberinto». El comienzo de un recorrido asistencial complejo, no exento de obstáculos. Un grupo de profesionales de la psicología, la psiquiatría y la nutrición han creado un espacio en el que lograrlo es posible. EFE Salud lo ha visitado.

Su nombre es ANYRE. Se trata de un hospital de día situado cerca del centro de Madrid, nuevo aún. Lo han fundado, Isabel Campos, que es dietista-nutricionista, y María Montero, psicóloga sanitaria, quienes se conocieron cuando trabajaban juntas en un centro de TCA y, como apunta Campos, vieron «la necesidad de crear un espacio intensivo con comedor terapéutico». Hoy, aquella visión se ha hecho realidad.

Su apuesta por afrontar los TCA con un equipo multidisciplinar está representado por los y las profesionales que se encargan de acompañar al paciente para «salir del laberinto», según recoge la web de la entidad.

Intervención psicológica, terapias grupales, espacios de descanso y estudio, cómo organizar la dieta diaria… Una forma de trabajar contada a EFE Salud por los propios especialistas.

Cuidar la autoestima y la imagen corporal

Las personas que son atendidas en ANYRE tienen entre 14 y 25 años. Acuden en turno de tarde: desde la hora de comer, a las 14:00 horas, a la de irse a sus casas después de cenar, a las 21:00. 

Cuenta Isabel Campos que tienen intención de poder abrir un turno de mañana:  “Que vengan a hacer el desayuno, la media mañana y la comida. Y luego ya después de esa comida, hacer un reposo y ya se van”.

El centro tiene capacidad para seis personas por turno, con posibilidad de ampliar a ocho. La mayoría son chicas, puesto que, como señala Campos, la población masculina está infradiagnosticada en este tipo de trastorno.

Comedor del centro. Imagen cedida.

El establecimiento cuenta con dos partes diferenciadas: la zona de las consultas externas y la zona del hospital de día. La primera cuenta con consulta de psicología, de nutrición, de psiquiatría y de terapia ocupacional. La segunda, con sala de estudio, comedor, cocina y la llamada sala de “crisis”, que es en realidad la enfermería, en donde siguen el tratamiento farmacológico de los pacientes y controlan su peso. 

En el comedor los pacientes hacen la comida y después van a la zona de descanso para reposar. Tras la pausa, hacen terapia en grupo con el terapeuta ocupacional, con psicología y nutrición, para trabajar diferentes dimensiones de la persona.

A la hora de merendar regresan al comedor y después hacen otro breve descanso. Tras ello, disponen de una hora y media o dos horas para el estudio. A las 20:00 horas, la cena.

Las terapias grupales se organizan con las dos psicólogas, María Montero y Carmen Jiménez Borreguero, y con un terapeuta ocupacional, Raúl Gómez Cabello.

“Las psicólogas se encargan de trabajar la autoestima, la imagen corporal, las habilidades sociales y las relaciones personales, así como la regulación emocional y sexoafectiva de las pacientes”, explica Jiménez. “Y el terapeuta ocupacional se encarga de elaborar un equilibrio en la vida de las personas entre los cuidados, el ocio y la ocupación formativo-laboral”, añade.

Del ámbito psiquiátrico se encarga Beatriz Hernández Gajate y de la nutricional, Isabel Campos del Portillo. 

El inicio del tratamiento: incertidumbre, miedos y resistencias

Cuando una persona con TCA llama por primera vez en busca de ayuda, el profesional le da un trato humano, escucha sus necesidades y valida sus sentimientos, indica María Montero.

“Suelen ser pacientes que vienen muy asustados, con mucha incertidumbre, vergüenza, y sobre todo con mucho agotamiento emocional”, revela María Montero.

La psicóloga Carmen Jiménez manifiesta: “Al inicio las personas suelen venir acompañadas de miedos y resistencias a terapias, resistencias a mostrar aquellas partes de sí mismos que les hacen sentir vulnerables”. 

Uno de estos miedos, comenta la psicóloga, es un cambio corporal no deseado. Sin embargo, en el centro no provocan un cambio corporal concreto, sino conseguir que las pacientes se sientan mejor consigo mismas

Se prioriza la seguridad del paciente, explica Martínez Montero: “Lo que evaluamos es cómo está a nivel físico, a nivel emocional y qué riesgo tiene esto. Siempre sin olvidarnos que la persona es mucho más que un diagnóstico”.

En este sentido, la psiquiatra Beatriz Hernández explica que se hace una evaluación global, multidisciplinar y cuidadosa en la que se analiza:

  • El estado físico de la paciente.
  • La comorbilidad psiquiátrica que pueda tener con el TCA.
  • El riesgo de patologías.
  • La conciencia que tiene la paciente con el problema.
  • Las áreas en que le está afectando.
  • El apoyo con el que cuenta la paciente.
  • Las historias previas de tratamiento.

Montero explica las tres actividades clave en el tratamiento

Genograma. Se hace tanto con la familia como con el paciente. Es como un “árbol genealógico”, donde se evalúan las relaciones entre los miembros y momentos que han marcado la historia familiar. 

Línea de la vida. La persona hace un recorrido a lo largo de su vida y cuenta tanto las experiencias más agradables, como las más dolorosas. De esta manera los profesionales pueden observar qué puede estar influyendo en la paciente tanto con ella misma como con los demás. 

Metáfora del iceberg. El trastorno alimentario se entiende como un iceberg, cuya parte más visible son los síntomas. Pero es en la zona más profunda donde se encuentran aspectos de la personalidad y problemas emocionales o relacionales, que contribuyen a la aparición del trastorno. 

“Es muy importante también evaluar las relaciones sociales, porque si no tenemos un apoyo que sea firme, es más difícil que la recuperación sea completa”, añade la psicóloga y directora del centro. 

Hospital de día
Consulta de psicología. EFE/David Castellanos

La gravedad del tratamiento no se mide sólo en función del peso corporal o la alimentación, sino también la comorbilidad del trastorno, en lo que se analiza especialmente la depresión, la ansiedad, el riesgo suicida, la capacidad que tenga de pedir ayuda cuando lo necesite y la capacidad de adherencia al tratamiento. 

El terapeuta ocupacional analiza cómo afecta el trastorno a la vida cotidiana de la paciente, cómo es su día a día, las actividades que ha dejado de hacer, la funcionalidad que quiere recuperar… 

Después, el equipo profesional se coordinan par definir la línea hacia la recuperación más adecuada porque mientras algunas personas necesitan un tratamiento ambulatorio, otras el régimen del hospital de día y otras, incluso, hospitalización completa. 

Proceso de recuperación

1. «La medicación no es el eje central»

Desde las primeras sesiones en el proceso de recuperación se crea un espacio de calma y de confianza, cuenta la psicóloga Carmen Jiménez, quien reconoce que es fundamental el acompañamiento familiar y cercano de la paciente. 

No siempre es necesaria la medicación. La psiquiatra Beatriz Hernández explica que muchas veces prescribe medicación cuando hay comorbilidad, cuando la paciente tiene, por ejemplo, ansiedad.

“La medicación no es el eje central, sino una herramienta más en el proceso de recuperación”, afirma Beatriz Hernández. 

La medicación ayuda al proceso psicoterapéutico, pero sin sustituirlo, aclara la psiquiatra: “El objetivo es que la medicación no sustituya al proceso terapéutico, sino que sea un complemento más”. En función de la evolución, se reajusta la medicación o se elimina por completo. 

2. La importancia de la educación nutricional

En el ámbito dietético el foco se orienta a adquirir buenos hábitos saludables. Isabel Campos advierte, en este sentido, de que el paciente debe tener un estado nutricional mínimo para empezar con el proceso de recuperación. Sin él, el paciente no se concentra y aumentan las obsesiones. 

“Por eso para nosotros es muy importante ir haciendo esa recuperación previa a nivel nutricional para que luego ya todo el proceso terapéutico se pueda dar”, revela Campos.

Hospital de día
Materiales para la realización de la técnica artística «zentangle». EFE/David Castellanos

De ahí la importancia de la educación nutricional, que no solo incluye informar sobre nutrientes, sino también trabajar horarios o el hambre y la saciedad. 

La nutricionista señala que en ANYRE cuentan con un catering, cuyos platos han sido valorados nutricionalmente, además de dar importancia a su sabor y emplatado.

“Entendemos que el tratamiento en sí en el hospital de día puede ser difícil y que enfrentarse a la comida también puede serlo. Entonces, para nosotros, que esa comida sea apetecible ya es un plus”, destaca la profesional.

Hacen el menú semanalmente y lo ponen en común con el resto del equipo para evaluar el nivel de dificultad que pueden tener algunos alimentos al presentárselos a los pacientes.

Los profesionales pesan a los pacientes dos veces a la semana, una vez al inicio de esta y otra al final, de manera que controlan su evolución. 

Si durante las comidas algún paciente se agobia, acude a la habitación de “crisis” para bajar su ansiedad o continuar de manera más tranquila su comida. Después, vuelve con el resto del grupo. 

3. La construcción de la identidad

El terapeuta ocupacional Raúl Gómez comunica algunas habilidades que se intentan recuperar durante el tratamiento:

  • Autonomía en actividades de la vida diaria: autocuidado, ocio, participación social, estudios, trabajo…
  • Gestión emocional: el manejo del estrés y la ansiedad.
  • Resolución de conflictos.
  • Construcción de identidad. El terapeuta considera esta habilidad la más importante: “Descubrirse a través de lo que haces para saber quién eres y qué quieres llegar a ser”. 

Raúl Gómez afirma que es muy difícil trabajar con rutinas, tiempos y actividades cuando todo gira en torno a la comida. 

Para ejemplificarlo, el profesional siempre utiliza la metáfora de la habitación: “Como si te despertases en una habitación y todo el foco lo pones en el pomo de la puerta”.

Hospital de día
Sala de estudio. EFE/David Castellanos

La terapia ocupacional, explica el experto, trata de ampliar fronteras y poder explorar otros elementos de la habitación como la lámpara, la mesa, la silla…, que no son solo la alimentación, sino que son también, por ejemplo, la participación social, el ocio, el trabajo… 

“Y de esta manera ayudamos a que pueda generar una solución creativa para poder salir de esa habitación o incluso descubrir la llave que le que le pueda aportar la libertad”, concluye.

Transición al alta médica 

El paciente va integrando sesión tras sesión los conceptos y comienza a cambiar sus acciones. Del mismo modo, los profesionales notan mejoría en el estado nutricional, enfrentándose a los alimentos que temían y a situaciones que antes evitaban.

“Es clave que puedan entender que comer también forma parte de su tratamiento y que aunque muchas veces pueda ser doloroso a nivel emocional o que le dé miedo, es necesario que se tenga que enfrentar”, indica Isabel Campos. 

Gómez expresa que las señales que indican que la persona vuelve a sentirse capaz de sostener su día a día son pequeños cambios, lo que se llama “proceso de generalización o externalización”, es decir, un puente entre el hospital de día y su vida real:

  • La adaptación.
  • El manejo de la ansiedad.
  • La desaparición de la ansiedad social.
  • Una mayor motivación por hacer cosas que le gustan, que siente, que tiene que hacer y que quiere llegar a hacer.
  • Que el paciente manifieste bienestar.

Antes de recibir el alta, en el hospital de día hacen un proceso de transición con el paciente en el que se le enseña a que aprenda a servirse o a hacerse sus comidas fuera del centro. 

“El objetivo aquí es que vayan cogiendo capacidad autónoma para ir siendo más autónomos en todas sus ingestas, continuando con un apoyo tanto de la familia como de a nivel del equipo terapéutico”, apunta la nutricionista y directora de ANYRE. 

Añade también que se les intenta enseñar a ser capaces de resolver una situación ellos mismos si hay algún retroceso.

Seguimiento tras el alta

Para que el paciente reciba el alta de régimen de hospital de día es necesario que tenga recursos para pedir ayuda, además de una mayor estabilidad clínica y emocional y que haya reducido significativamente las conductas de riesgo del trastorno, comenta Beatriz Hernández. 

Después del hospital de día, se coordinan los equipos de psiquiatría, psicología y nutrición para hacer un seguimiento a nivel ambulatorio y que el paciente pueda pedir ayuda en el momento que lo necesite. 

“Al fin y al cabo, el hospital de día es un espacio donde la persona puede recuperarse sin desconectarse completamente de su vida, aprendiendo a cuidarse y volviendo poco a poco a su vida cotidiana”, concluye Carmen Jiménez.

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