El Santo Padre León XIV presidió este 16 de abril un Encuentro por la paz en la catedral San José en Bamenda, donde escuchó los testimonios de las víctimas del conflicto que asola Camerún desde hace una década.
León XIV se dirigió a la nación en inglés. «¡Dios nunca nos abandona! En Él, en su paz, siempre podemos volver a empezar», aseguró al pueblo camerunés. Con sentidas palabras, el Papa expresó su cercanía a esta población, marcada por el sufrimiento, pero sostenida por una fe inquebrantable.
Inspirándose en la profecía de Isaías -«¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia!»-, el Santo Padre estableció un paralelismo con la comunidad de Bamenda. «¡Qué hermosos son también sus pies, cubiertos del polvo de esta tierra ensangrentada pero fértil, esta tierra devastada pero rica en vegetación y abundante en frutos!», afirmó el Papa que viajó este jueves al noroeste del país africano.
«Son sus pies los que los trajeron hasta aquí y los que, a pesar de las pruebas y los obstáculos, los mantuvieron en los caminos de la justicia». Confirmando que había venido a proclamar la paz, León XIV enfatizó que, por el contrario, eran los propios cameruneses quienes proclamaban esta paz al mundo entero, incluido el Papa.
La ciudad de Bamenda es el epicentro del conflicto separatista en las regiones anglófonas, que se prolonga desde 2016.
«La crisis que ha sacudido estos territorios de Camerún acercó a las comunidades cristianas y musulmanas más que nunca, hasta tal punto que sus líderes religiosos se unieron y fundaron un Movimiento por la Paz, a través del cual buscan mediar entre las partes enfrentadas», indicó el pontífice.
«¡Bienaventurados los pacificadores!»
Miles de personas observaron el paso del papamóvil por las calles de la ciudad en un ambiente de gran entusiasmo.
«¡Bienaventurados los pacificadores!», exclamó el Santo Padre. «¡Ay, en cambio, de aquellos que explotan las religiones e incluso el nombre de Dios para sus propios fines militares, económicos y políticos, arrastrando lo sagrado a las profundidades más sórdidas y oscuras!», advirtió. «¡Ustedes que tienen hambre y sed de justicia, ustedes que son pobres, misericordiosos, mansos y puros de corazón, ustedes que han llorado, son la luz del mundo!»
En el segundo día de su visita al país africano, León XIV condenó «a los señores de la guerra», que fingen ignorar que basta un instante para destruir, pero que a menudo toda una vida no es suficiente para reconstruir. Fingen no ver que se necesitan miles de millones de dólares para matar y devastar, pero no se encuentran los recursos necesarios para curar, educar y reconstruir», declaró León XIV.
Y añadió: «¡Ay de aquellos que someten las religiones y el mismísimo nombre de Dios a sus objetivos militares, económicos y políticos, arrastrando lo sagrado hacia lo más vil y siniestro!»
Tras escuchar los testimonios de católicos, protestantes y musulmanes afectados por el conflicto, el Papa advirtió sobre el ciclo de violencia alimentado por la explotación de los recursos del país africano, que se extiende desde el Atlántico hasta el Sahel.
«Quienes saquean los recursos de su tierra suelen invertir gran parte de las ganancias en armas, en una espiral de desestabilización y muerte sin fin. Es un mundo al revés, una subversión de la creación de Dios que toda conciencia honesta debe denunciar y repudiar», denunció.
En su discurso, León XIV reconoció la «inmensa, invisible, diaria y peligrosa labor» que realizan las mujeres católicas consagradas y laicas para ayudar a las poblaciones traumatizadas en Camerún.
La denominada «crisis anglófona», que enfrenta a las fuerzas gubernamentales con los grupos separatistas, causó miles de muertes y el desplazamiento de más de un millón de personas.
«La paz no es algo que se inventa: es algo que se abraza, acogiendo a nuestro prójimo como a hermanos. Nadie elige a sus hermanos: simplemente debemos acogernos unos a otros», observó el Papa.
El arzobispo de Bamenda, monseñor Andrew Nkea Fuanya, hizo referencia al sufrimiento vivido en la región en los últimos años, denunciando el secuestro y asesinato de varios miembros de la Iglesia.
Testimonios
Cientos de personas asistieron a la ceremonia dentro de la catedral, y miles siguieron la actividad desde la explanada exterior.
La hermana Carine Tangiri Mangu, de la Congregación de las Hermanas de Santa Ana, compartió su experiencia de haber sido secuestrada por un grupo armado.
«Nos trasladaban en motocicleta de un lugar a otro, a veces a la una de la madrugada, para evitar que nos encontraran. Hicimos huelga de hambre y les explicamos a nuestros captores que solo estábamos haciendo nuestro trabajo para los pobres y que no teníamos nada que ver con la política», relató.
El moderador emérito de la Iglesia Presbiteriana, Fonki Samuel Forba, afirmó que la guerra en la región es una de las «crisis olvidadas del planeta» y elogió la colaboración ecuménica e interreligiosa para mediar en el diálogo entre el gobierno camerunés y los grupos separatistas.
En otra declaración, el imán Mohamad Abubakar informó sobre los ataques sufridos por la comunidad islámica.
La reunión también incluyó testimonios de un líder tradicional, Fon Fru Asaah Angwafor IV, y de Denis Salo, quien tuvo que abandonar su hogar, sus pertenencias y su negocio debido al conflicto armado, convirtiéndose en un desplazado interno.
«Demos gracias a Dios porque esta crisis no ha degenerado en una guerra religiosa y porque seguimos intentando amarnos los unos a los otros. Sigamos adelante sin cansarnos, con valentía y, sobre todo, juntos, siempre juntos», afirmó el Papa.
Al salir de la catedral de San José, León XIV y representantes de la comunidad soltaron siete palomas en un gesto simbólico por la paz.+

