Las nuevas canciones y el modelo industrial argentino


El discurso de Axel Kicillof en la Universidad Tecnológica Nacional de Avellaneda dejó mucho más que su disposición para derrotar a Milei en 2027. Con claridad, el gobernador propuso en ese discurso las bases de un programa para la Argentina futura.

Comenzó por las “nuevas canciones”. La expresión, que había despertado discusiones dentro del peronismo, adquirió allí una definición más precisa: “Las nuevas canciones se componen colectivamente, de abajo hacia arriba”. Kicillof habló de escuchar, discutir, armar territorialmente, y rechazó una construcción “a control remoto”. No es un detalle metodológico. La pregunta por el qué hacer está unida a la pregunta por quiénes lo construyen. No hay programa sin sujeto.

Esa propuesta organizativa se convirtió en una definición sobre el modelo de país: “No necesitamos un plan austríaco, norteamericano o israelí, necesitamos una estrategia argentina, federal y contemporánea”. Y agregó que el proyecto debía estar pensado “para la Argentina, por los argentinos y en beneficio de nuestro pueblo”, con desarrollo, producción, federalismo y justicia social.

La discusión adquiere otra dimensión si se la coloca sobre el mapa del capitalismo contemporáneo. Mientras la Argentina ensaya una de las experiencias más radicales de desregulación económica, el mundo desarrollado está moviéndose en dirección opuesta. Estados Unidos, China y la Unión Europea recuperan subsidios, aranceles, planificación, inversión pública y protección de sectores considerados estratégicos. Un estudio reciente del FMI registró más de 2.500 intervenciones de política industrial durante 2023; Estados Unidos, China y la Unión Europea concentraron aproximadamente el 48% de las medidas relevadas.

Álvaro García Linera define esta mutación como el pasaje de un Estado que funcionaba como soporte de los mercados hacia otro que comienza a actuar como protagonista, creador y cogestor de ellos. El nuevo ciclo todavía no tiene una forma definitiva, pero hay una tendencia difícil de ignorar: vuelve la planificación estatal, vuelve la política industrial y la competencia económica adquiere cada vez más una dimensión geopolítica.

Las nuevas canciones y el modelo industrial argentino

En ese contexto debe leerse una de las frases centrales de Kicillof: el mundo “va hacia la protección”. La cuestión ya no consiste simplemente en volver a una experiencia industrial del pasado, sino en preguntarse qué política productiva necesita la Argentina frente a este nuevo escenario. Energía barata para producir, alimentos accesibles, infraestructura, obra pública, universidad, ciencia, salud pública y una estrategia para insertarse en la nueva configuración tecnológica y comercial mundial aparecen entonces como partes de un mismo problema: recuperar capacidades nacionales para decidir el desarrollo.

También cambia la discusión sobre el trabajo. La transformación tecnológica, la uberización y las nuevas formas de precariedad hacen insuficiente limitarse a defender los derechos laborales conquistados durante el siglo XX. Si hay una nueva estructura productiva, también es necesario imaginar los derechos del siglo XXI. De allí otra definición que atravesó el encuentro: frente a la expansión de la especulación y el trabajo precario, la respuesta debe ser más derechos laborales, no menos. Es decir, invertir la discusión sobre la llamada “reforma laboral”: no utilizar la transformación tecnológica para abaratar el trabajo y expulsar seres humanos a la miseria del desempleo, sino pensar una reforma progresiva capaz de extender derechos hacia las nuevas formas de empleo.

La dimensión geopolítica completa ese programa. Kicillof rechazó la denominada “Doctrina Donroe” de Donald Trump y contrapuso a ella una fórmula de Perón: “Argentina para los argentinos”. La definición dialoga directamente con un mundo que García Linera describe como crecientemente geofragmentado, atravesado por guerras arancelarias, competencia tecnológica y disputas por áreas de influencia; un escenario que vuelve a colocar sobre la mesa latinoamericana las preguntas por la soberanía nacional, el industrialismo regional y la autonomía.

Las nuevas canciones y el modelo industrial argentino

En ese marco debe ubicarse también la posición expresada durante el encuentro respecto de los conflictos internacionales: una Argentina que pretenda recuperar autonomía no debería subordinarse automáticamente a guerras ajenas ni convalidar violaciones masivas de los derechos humanos. La soberanía económica y la autonomía internacional aparecen así como dos dimensiones de un mismo problema.

Industrialización, federalismo, energía, universidad, infraestructura, salud y trabajo no constituyen todavía un programa terminado. Son, en todo caso, sus primeras coordenadas. El propio diagnóstico internacional obliga además a abandonar cualquier nostalgia mecánica: no se trata de reconstruir exactamente la Argentina de 1945 ni la de 2003, sino de recuperar su tradición de desarrollo productivo y científico para enfrentar un capitalismo diferente.

Quizás allí adquiera su sentido más concreto aquella idea de las “nuevas canciones”. No como la sustitución publicitaria de viejas consignas por otras nuevas, sino como la construcción colectiva de un programa para un mundo que cambió. Un programa que vuelva a poner en el centro una palabra que durante décadas pareció condenada al pasado y que hoy las principales potencias han recuperado sin complejos: planificar.

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