Italia enfrenta una situación económica problemática, con un bajo crecimiento de su Producto Bruto Interno (PBI) que oscila entre el 0,5 % y el 0,8 %, lo cual le impide salir de una larga fase de estancamiento. La primera ministra viajó hoy a Armenia, donde están previstos encuentros bilaterales en el marco de la reunión de la Comunidad Política Europea.
En las últimas semanas, Giorgia Meloni ha realizado varios viajes —el principal al golfo Pérsico— para asegurar los suministros energéticos ante la crisis derivada del conflicto entre EE. UU.-Israel e Irán.
El crecimiento económico en Italia es lento e incluso se habla de la perspectiva de un estancamiento y posterior declive productivo. La deuda pública aumenta sin cesar: llega a los 3.140 millones de euros, lo que eleva la relación con el PBI al 138,6 %. Por ejemplo, crece la incertidumbre entre los exportadores a Estados Unidos, aunque las ventas en ese país se mantienen al alza. Urge mejorar las inversiones y se espera una recuperación este año.
Un problema serio es el rápido envejecimiento de la población y la baja natalidad. En 2022 se registró el dato más negativo desde 1861. Hacen falta reformas estructurales profundas para mejorar la competitividad. La Confcomercio italiana hizo público un análisis titulado “La apuesta del crecimiento para superar la crisis”. Del estudio emerge una cruda verdad: la situación depende de factores internos que operan desde hace décadas.
Tras el boom económico, el crecimiento se ha derrumbado progresivamente hasta llegar al nivel cero de los últimos 20 año, mientras que la presión fiscal subió en 60 años del 25,5 % al 42,3 %, comprometiendo las inversiones y el desarrollo. El estudio de la Confcomercio señala que, sin intervenciones estructurales sobre el fisco, el mercado laboral y la calidad de las contrataciones, el panorama futuro es un nuevo decenio de estancamiento.
Los sindicatos italianos se reactivaron con grandes manifestaciones este Primero de Mayo y recuperaron la gestión unitaria de las tres grandes centrales obreras, lanzando planes para incrementar el nivel de vida y los salarios. El Gobierno también ha mostrado propósitos positivos para salir del estancamiento.
El país ha perdido alrededor de nueve millones de jóvenes menores de 30 años con respecto a la década de los 80, con efectos directos sobre la capacidad productiva. El estudio de Confindustria señala que, para contrastar el declive, una clave es el aumento de la participación femenina en el trabajo hasta alcanzar el promedio europeo. En números, esto significa 290.000 ocupadas más al año durante el próximo decenio.
Por fortuna existe el sector terciario, que en el periodo 1995-2025 fue el verdadero motor de la economía italiana, creando casi cuatro millones de empleos, mientras que la industria y la administración pública registraron una caída.
El modelo competitivo de Italia está cada vez más fundado en la integración entre bienes y servicios, explica el estudio de Confindustria. Sin embargo, el sistema se ha visto debilitado por distorsiones internas como el dumping contractual, que ha resultado en contratos menos atractivos; esto afectó a 154.000 trabajadores y causó efectos negativos en la competencia y la productividad.
Este fenómeno ha generado un impacto en las finanzas públicas, reduciendo los ingresos contributivos y tributarios en 560 millones de euros en 2025.

