Gordan Stojović, diputado de Montenegro, habla sobre la relación con Argentina, la guerra de Ucrania y el futuro de la UE


Gordan Stojović es diputado nacional de Montenegro, una de las seis repúblicas que conformaban la Federación de Yugoslavia que surgió luego de la Segunda Guerra Mundial. Yugoslavia-se sabe-comenzó una cruenta etapa de disolución en 1991, luego de la caída del Muro de Berlín. El proceso culminó en 2006 cuando Serbia y Montenegro, las únicas dos republicas que aún conservaban una estructura unificada, también se dividieron en dos países distintos.

Stojović preside el Grupo Parlamentario de Amistad de su país con la Argentina. Fue el primer embajador de Montenegro en Buenos Aires. Desde aquí ejercía además la representación diplomática para Brasil, Chile y Uruguay.

El diputado estuvo de visita en el país con un objetivo: fomentar la relación bilateral en el terreno diplomático. Su apuesta de máxima es que Argentina abra una embajada en Podgorica, la capital montenegrina. En esta entrevista con Tiempo abordó un extenso abanico de temas: la guerra entre Rusia y Ucrania, el rearme de Europa, la cuestión migratoria, entre otros.       

-¿Por qué está ahora en Buenos Aires?

-Presido el Grupo de Amistad de nuestro parlamento. Siempre me gusta hacer cosas por Argentina. Vinimos dos diputados. Hicimos una recorrida por las instituciones para empujar una mejor relación y también vistamos nuestra diáspora para mostrarles que los tenemos presentes.

¿Cómo es la relación de Montenegro con Argentina?

Es muy buena, aunque estemos lejos. Somos un país chico. Abrimos esta embajada en el 2014. Argentina, en lo que es la ex Yugoslavia, mantiene la misma representación que tuvo hasta 1989 (caída del Muro de Berlin y el inicio de la disolución de la Federación Yugoslava). No actualizó su presencia en todos los países que surgieron. La embajada argentina está en Belgrado (Serbia) y todo lo comercial y consular se hace a través de Budapest (Hungría). Para la ex Yugoslavia eso no representa nada. Es un país cercano, pero no hablamos el mismo idioma y no tenemos tanto contacto. Creemos que sería interesante que Argentina repiense como acercarse a los países de la ex Yugoslavia. Acá en Buenos Aires tienen embajada: Croacia, Serbia, Eslovenia, Albania tenía una y la cerró. Macedonia no la quiera abrir porque tiene en Brasil. Hay mucha presión para que nosotros también mudemos la embajada a Brasil.

-Esta falta de reciprocidad que describe, ¿es con la actual gestión o pasó con todas las últimas gestiones?

Con todos, pero lo que queremos es crear mejores plataformas para la relación con Argentina. Nadie está criticando. A mí, personalmente y a muchos en Montenegro nos gustaría tener más herramientas para profundizar la relación.

Usted cree que para eso sería mejor abrir una embajada…

-No es sólo eso. Brasil abrió embajadas en casi todos los países de la ex Yugoslavia. Eso se traduce después en una mayor relación en otros niveles. Nuestro comercio con Brasil es enorme. Nosotros compramos aviones de Brasil. Chile también abrió embajadas en la región o puso cónsules honorarios. Entonces, cuando se hace una comparación entre Argentina, Chile y Brasil, la presencia argentina es casi inexistente para ofrecer herramientas más fáciles para comerciar y profundizar la relación.

-Montenegro está cerca de incorporarse a la Unión Europea…

Montenegro espera incorporarse a la UE durante el 2027.

-A fin de año termina el proceso de negociación. Una vez que se termine ese convenio de adhesión, que debería firmarse como máximo en abril del 2027, el documento debe ser ratificado por todos los parlamentos miembros de la UE. Eso toma varios meses. Lo que puede ayudar a que sea más rápido es que Islandia votará el 28 de agosto si se incorpora a la UE. De ganar el sí en el referéndum, ambos países ingresaremos en el proceso de ratificación y eso acelerará los tiempos. Europa está en un proceso en el que a la mayoría de los países les conviene ser parte de la UE. Y creo que es lo que ocurrirá en los próximos años.  

-Supongo que, por cercanía geográfica y cultural, la guerra entre Rusia y Ucrania debe tener un gran impacto un Montenegro…

-A nosotros nos duele mucho esa guerra. Nos sentimos muy cercanos a los ucranianos y a los rusos. Apoyamos con firmeza a Ucrania porque es el país atacado. Nosotros que fuimos atacados muchas veces en la historia y sabemos lo que es, así que nuestro apoyo a Ucrania es pleno. Pero cada muerto nos duele. A Montenegro llegaron muchos refugiados ucranianos y también muchos rusos opositores a Putin. Son personas que enriquecieron Montenegro porque en su mayoría son profesionales. Mi hija que va al segundo grado tiene muchos compañeros que son rusos y ucranianos.     

-¿Qué perspectiva le ve al conflicto?

-Temo que se transforme en otro conflicto congelado en el mundo. Fui varias veces a Ucrania y vi que la población tiene una moral muy alta. El que se defiende suele tener la moral muy alta. Del otro lado, en cambio, donde también conozco a mucha gente, sé que hay muchos que no quieren la guerra. Es raro atacar a un país tan cercano y que eso sea popular. Una vez un argentino que vive allá me dijo que era como una guerra entre Córdoba y Buenos Aires, por la cercanía de los dos países.

-Otro punto de tensión, más novedoso, es la relación de la UE con Estados Unidos a partir de la guerra contra Irán, que los países europeos decidieron no acompañar.

Nuestra relación con EE UU es buena. Somos miembros de la OTAN. Es cierto que cambió bastante con la llegada del presidente (Donald) Trump. Se siente la diferencia. Trump dijo que quería quedarse con Groenlandia. Todo eso ha hecho que los europeos comenzaran a ver de una forma diferente a Estados Unidos. Una de las consecuencias de todo esto es el rearme de Europa.

-En un continente que vivió tantas guerras, esta carrera armamentista, ¿complica la relación interna de la UE?

-Con todas las cosas que vienen ocurriendo yo creo que todo desembocará en la creación de una fuerza europea. Sin embargo, no veo como los intereses de todos esos países que son muy distintos podrían confluir. Francia es una potencia que puede actuar en cualquier lugar del mundo, en cualquier momento. Alemania no puede hacer eso. No es fácil construir un ejército. Mi abuelo fue general en el ejército yugoslavo. Me decía que lo primero que necesita un ejército es moral. Y no es fácil hacerlo. Él era veterano de al Segunda Guerra y solía decirme que estaba seguro de que mientras los veteranos de esa guerra vivieran, no habría guerra civil en Yugoslavia. Ellos sabían cuánto dolor producía la guerra. Y así fue, cuando esa generación se jubiló llegó la guerra civil.

Hay otro tema que es central en el debate público europeo, la migración. ¿Cómo impacta en Montenegro? 

-Tenemos migrantes, pero son legales todos. Nosotros no somos un estado de bienestar. Tenemos mucha migración de países latinoamericanos. Hay muchos colombianos y mexicanos. Los latinoamericanos se emplean sobretodo en la gastronomía. No hay restaurante en el que no haya al menos un hispanohablante.

-Volviendo a la relación entre Montenegro y Argentina, que es el motivo de su viaje, ¿cuáles cree que son los lazos de estos dos países? 

-Lo que más nos une es la diáspora nuestra acá. Argentina tiene ese lazo con muchos países. Para Argentina no es una comunidad muy grande, pero para nosotros sí. Debemos estar en 70.000 y 100.000 miembros de la comunidad (Montenegro tiene 630 mil habitantes).  Tenemos que trabajar para generar más lazos económicos. Creo que este año que terminamos el proceso de adhesión a la UE es el momento para entrar en Montenegro. Y se trata de toda la región, no sólo de Montenegro. Por eso invito a pensar una estrategia diferente para profundizar ese vínculo.



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