El historiador y escritor Felipe Pigna realiza desde hace años una tarea de divulgación con la intención de acercar a los argentinos al conocimiento y la comprensión de un pasado que muchas veces se revive en el presente. Esa fue una de las motivaciones que lo impulsó a componer 76, una obra gestada en el 50° aniversario del golpe genocida que recorre un año que cambió al país “para siempre” y que “por momentos” retorna a la vida cotidiana.
“El modelo económico de la dictadura es igual al actual. Estamos ante un gobierno (como el de Javier Milei) que va más allá del negacionismo y reivindica la última dictadura hasta un punto que resulta incomprensible que buena parte de la sociedad apoye esos discursos”, señaló Pigna en una entrevista con Tiempo Argentino.
El autor se refirió también al valor que tuvo la cultura como herramienta de resistencia al régimen militar y consideró que el libro se publica en una coyuntura en la cual se verifica un cierto retorno del autoritarismo. “Ojalá recordar el pasado nos ayude a estar alertas frente a un avance autoritario”.
-Más allá del 50° aniversario del golpe del 24 de marzo de 1976, ¿cuál fue su motivación para escribir este libro?
-Tiene que ver con un compromiso generacional. Tenía 17 años cuando se produjo el golpe y entendía que en este aniversario debía hacer algo concreto, pensando en los jóvenes que no vivieron esa época. Sabía que habría una ofensiva por parte del gobierno entorno a la fecha. Tenía claro que eso podía suceder. Por suerte, la jugada apologista de la dictadura salió mal. La movilización del pasado 24 de marzo fue impresionante.
-La narración del libro arranca en 1973 y en lo que sucedió antes del golpe. Cita incluso a la historiadora Marina Franco que analizó la forma en la que se construyó la figura de un enemigo interno antes de la dictadura.
-Es algo incómodo hablar de lo que sucedió antes del golpe. Arrancar desde el 24 de marzo de 1976 es una cuestión política, pero en términos históricos eso es imposible. Hay que hablar de cómo se fue preparando la asonada militar. Contar lo que sucedió con la Triple A, la violencia previa, la situación económica y cómo se preparó el plan económico de la dictadura. Me parecía clave enfocarse en eso.
-¿Fue una forma de analizar cómo se gestó el golpe?
-Es interesante ver cómo se fue construyendo un enemigo desde lo mediático en una sociedad que estaba harta de la violencia, en un contexto en el cual las organizaciones guerrilleras habían equivocado la estrategia, asumiendo un nivel de militarización que las alejaba de las opciones políticas. La guerrilla estaba aislada políticamente y militarmente estaba diezmada porque venían de dos acciones que habían fracasado como el ataque a un regimiento en Formosa (por parte de Montoneros) y el intento de copar el batallón de Viejo Bueno en Monte Chingolo (llevado a cabo por el ERP). También hubo en diciembre de 1975 un intento de golpe, un ensayo liderado por parte del brigadier de la Fuerza Aérea Jesús Orlando Cappellini, tras el cual no hubo reacciones por parte del arco político.

-¿Los empresarios también venían preparando un plan económico desde antes de marzo de 1976?
-Había reuniones de grupos de empresarios e ideólogos civiles, como el Grupo Azcuénaga, donde estaba Jaime Perriuax. Tenían contactos con los militares que fueron preparando el modelo económico y el represivo. El consenso era que había que hacer una cosa distinta a la Chile, donde hubo una represión visible, con muertos y fusilados en las calles. Acá se siguió el modelo extraído desde Francia, que se venía utilizando desde 1957 y que incluía la desaparición de personas.
-Se describe en el libro el plan económico de la dictadura, que tiene un correlato con el presente.
-Absolutamente. Primero el golpe se hizo básicamente para formatear a Argentina en sentido económico. Había que reprimir para aplicarlo por el nivel de combatividad que tenían los sectores populares en 1975. Ese modelo económico es prácticamente igual al actual, no hay prácticamente diferencias. Incluso ahora se va más allá de las políticas que aplicó José Alfredo Martínez de Hoz, que no pudo privatizar empresas públicas. Para aplicar ese modelo se incluyó un reformateo cultura con censura y persecución a los artistas, intelectuales, músicos cineastas. Todo lo que planteara cambiar el orden establecido era subversión y debía ser eliminado. Eso lo dijo incluso el dictador Jorge Rafael Videla en una reunión con periodistas.
-¿Por qué cree que llegamos a un gobierno como el actual?
-Es difícil de explicarlo. Lo que estamos viviendo no se trata de negacionismo, no se limita a decir que eso no ocurrió. El gobierno de Milei reivindica la última dictadura. Lo vemos en cada 24 de marzo, con los discursos y los videos que se difunden desde el oficialismo. A esta altura resulta algo incomprensible. En cada comunicación, en cada mensaje del presidente, en cada video del 24 de marzo, en las actitudes de la vicepresidenta, se habla de una reivindicación de la dictadura. Resulta incomprensible que una parte de la sociedad acompañe esos discursos.

-Hace especial hincapié en su obra a la resistencia de la cultura durante la dictadura.
-La dictadura libró, con la censura, una batalla cultural que perdieron. La censura que ejercieron fue una cosa muy seria. Cada libro que era prohibido tenía un expediente y en algunos casos se elogiaban los valores literarios pero se advertía que se exaltaban valores como la solidaridad, el antimilitarismo o la empatía. Rescato el rol que tuvo Charly García en ese contexto, cuando cantaba que “no te dejés desanimar, no te dejés matar”. Fue muy importante para la resistencia cultural.
-En 76 cita a un autor, Yosef Yerushalmi, que sostiene que “el olvido es el antónimo de la justicia». ¿Ese es uno de los sentidos de este trabajo?
-Ojalá. Uno tiene esa esperanza de dar testimonio y que sirva para eso. Recodar y no olvidar y dar a conocer la historia para las nuevas generaciones. La intención es que nunca más nos pase algo parecido a la última dictadura militar. Vivimos un retorno del autoritarismo, no digo que estemos en una dictadura, pero si en un sistema de características autocráticas. Lo vimos con el reciente cierre de la sala de periodistas en Casa Rosada. Recordar el pasado tal vez nos ayude a estar alertas frente a un avance autoritario. «

