Si los contextos cambian, las prioridades se adaptan al nuevo escenario. Suena como aforismo de ocasión (o de sobrecito de azúcar en cafetería de barrio), pero la frase refleja la actualidad del PJ. Por el deterioro del mileísmo, la principal fuerza de oposición empieza a verse con chances crecientes de regresar a la presidencia. Como buen partido de poder, el panperonismo puso en modo encendido su plasticidad táctica. Lo que viene será adaptar sus acciones en pos del objetivo. El proceso comenzó cuando el gobierno se vio obligado a archivar tres capítulos de la ley de Tierras, a caballo de un perceptible malestar social. Desde entonces, las distintas tribus peronistas pasaron a un segundo plano sus disputas -que siguen ahí, inconclusas- para repartirse tareas con un punto en común: diseñar la estrategia electoral más eficaz y poderosa, en la que aporten los 24 distritos del país.
Dada la situación económica, el PJ asume que franjas importantes del electorado podrían preferirlo nuevamente, como siempre que pasó del llano al poder, en apenas un año. El peronismo, en ese caso, volvería a tomar la forma de un instrumento defensivo adoptado por millones de argentinos. Con la demanda de llevar a la práctica un mandato simple: la recuperación de una vida mínimamente vivible.
Esa responsabilidad que otea en el horizonte explica una saga de decisiones que ya empezó y que seguirá en los próximos meses: la adopción de todas las decisiones partidarias, administrativas y legales que, sin dejar de estar en línea con las normas vigentes, contribuyan al objetivo final.
La primera decisión ya se sabe, fue un mensaje surgido del hotel Emperador. Desde esa cumbre partidaria “no oficial” se transmitió a todos los PJ provinciales que la principal fuerza opositora acordó no facilitarle a Javier Milei la suspensión o eliminación de las PASO de agosto del ‘27.
Sin primarias, el peronismo se vería obligado a definir su fórmula presidencial y sus listas en una elección interna a lo ancho y largo del país, lo que implicaría un gran desafío logístico y un costo económico, todo en el marco de un proceso tutelado por la Carta Orgánica en el que tendría mucha injerencia la Junta Electoral del frente organizado alrededor del PJ.
Para el mileísmo, en tanto, quitar las PASO del cronograma electoral supondría desorganizar a la oposición: inducirla a que se presente, más dividida, directamente en los comicios generales del domingo 24 de octubre. La coalición de La Libertad Avanza y el PRO parece lidiar con la máxima de cualquier oficialismo debilitado. Quien quiere cambiar las reglas, medio a los apurones, casi atolondrado, es porque no las tiene todas consigo.
Para LLA-PRO el objetivo no verbalizado es evitar el desenlace al que se enfrentó el binomio Carlos Menem-Juan Carlos Romero en abril de 2003: ser la primera minoría electoral pero en un balotaje encontrarse frente al agrupamiento contundente del resto de los votantes.
Si en la cumbre del hotel Emperador se repartieron tareas, cada jurisdicción sabe lo que se espera de ella; la función que debe cumplir. La provincia de Buenos Aires, la más poblada y grande del país (pero además gobernada por el PJ), tiene varias definiciones por tomar: no se trata de cuestiones menores porque la PBA reúne a 13 millones de electores sobre un padrón nacional que suma aproximadamente 36 millones, según cifras de la última elección.
Los peronistas de «la Provincia» saben que, si el objetivo superior es el regreso al poder, deben contribuir con la mejor elección posible en el distrito que puede hacer la diferencia. Eso explica una batería de decisiones que están bajo la lupa: el próximo año, al ser una elección ejecutiva en la que “se definen los porotos” (como supo decir el quilmeño Aníbal Fernández), ¿habrá simultaneidad o desdoblamiento entre el comicio nacional (presidente y legisladores nacionales) y la votación local (de gobernador, legisladores provinciales e intendentes)?

¿Se optará, esta vez, por hacer todo el mismo día incluso con formas de sufragio diferentes, como la Boleta Única de Papel (BUP) a nivel nacional y la boleta partidaria tradicional (lista sábana) en la PBA? ¿Serán, si así fuera, “elecciones concurrentes” (cuando se vota el mismo día con métodos diferentes)? ¿Podría tomarse la experiencia de las legislativas de 2025 como un ensayo superado por la población, que votó por primera vez con la Boleta Única de Papel y ya está más familiarizada? Estos interrogantes circulan en los círculos más politizados del territorio bonaerense.
La resolución de esas preguntas está condicionada por la legislación vigente. La Ley 14.086 de la provincia de Buenos Aires (sancionada en 2009, con reformas posteriores) dispone en su artículo 2° que, si se realizan primarias nacionales, las PASO provinciales deben hacerse en la misma fecha. “Cuando el Poder Ejecutivo Nacional convoque a elecciones primarias nacionales para presidente y vice y/o parlamentarios del Mercosur y/o diputados nacionales y/o convencionales constituyentes, la fecha de realización de las elecciones primarias obligatorias y simultáneas provinciales será el mismo día”, dice el artículo.
En lo que parece haber una voluntad de avanzar en el corto plazo (y para lo que no hay que esperar definiciones ajenas) es en la polémica por la reelección de los intendentes. En el espacio que acompaña a Axel Kicillof sostienen que empujarán el proyecto de ley de la senadora provincial Ayelén Durán (MDF). Otra alternativa, que se está incubando desde lo legal, es discutir la ampliación de las autonomías municipales: el intendente de Castelli, Francisco Echarren (Unión por la Patria), es el portavoz y pionero en esa cruzada.
A nivel nacional, el peronismo se muestra dispuesto a ir por el triunfo. A priorizarlo por sobre otras cuestiones. La sucesión de actos, de todos modos, sigue mostrando búsquedas y alternativas diversas. Kicillof, por caso, encabezó el sábado el plenario de juventudes de su corriente política. Allí dijo: “Una alternativa que sea fuerte no va a salir de una rosca o de una reunión entre cuatro paredes”.
También ayer, pero en las paredes de San José 1111, domicilio de CFK, se proyectó un documental sobre Lago Escondido y las tierras ocupadas por el magnate británico Joe Lewis. “Esto tiene un carácter simbólico muy potente porque toca todo el tema de la extranjerización y el lawfare”, contó Alejandro «Vikingo» Meyer, uno de los organizadores de la columna Juana Azurduy.
