
La situación de la economía global es «frágil», experimenta «una serie de desafíos» y «lo peor está por venir», advirtió el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el informe sobre las perspectivas económicas mundiales (WEO), que difundió ayer en vísperas de la asamblea anual del Fondo y del Banco Mundial, que se desarrollará durante toda esta semana en la ciudad de Washington, capital de los Estados Unidos. Hacia allí partió anoche el ministro plenipotenciario de Economía de la Argentina, Sergio Tomás Massa, en lo que será su segunda visita al país del Norte, y puntualmente al organismo multilateral de crédito, en apenas dos meses de gestión. Antes de subir al avión el funcionario dejó todo arreglado para la puesta en marcha de dos nuevos tipos de cambio: el denominado dólar Coldplay, que afectará las actividades de las empresas culturas y de entretenimiento; y el dólar Qatar para los que viajan al exterior. Las inéditas variantes cambiarias rigen desde hoy: ¿qué dólar se le aplicará al ministro Massa y a su comitiva?
Con independencia de cuánto impactará el nuevo recargo en el resumen de cuentas del viajero Massa, el hecho es que las imposiciones cambiarias para turistas e importadores culturales tendrán escasa incidencia en el stock de reservas de dólares del Banco Central de la República Argentina -Bcra-. No estará ni cerca de lo que fue el dólar Soja, que gracias a la liquidación de granos de los agroexportadores permitió ingresar un volumen extraordinario de divisas frescas a la caja del Estado, combustible para un corto trecho.
Más temprano que tarde, Massa y el Gobierno del Frente de Todos tendrá que asumir la realidad, que es peliaguda y lo será más si no hay cambios estructurales que permitan acolchonar la crisis. El propio Fondo Monetario Internacional está avisando que se viene un período muy duro.
Al menos «un tercio de la economía mundial se enfrenta a dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo», y se prevé que la inflación mundial aumente del 4,7% en 2021 al 8,8% en 2022, pero que baje al 6,5% en 2023 y al 4,1% en 2024, dice entre los puntos destacados el informe del organismo crediticio que hoy comienza su asamblea anual. Por supuesto, Argentina está desfasada de esas previsiones inflacionarias. Los pronósticos del Fondo Monetario están pensado para países con economías estables.
Con relación a la Argentina, el FMI mantuvo su pronóstico de crecimiento del 4% para este año y del 2% para el año que viene, con una inflación del 95% en 2022 y del 60% en 2023. En tanto, el desempleo será del 6,9% este año y el que viene, por debajo del nivel de Brasil, Colombia, Paraguay y Uruguay.
El vaticinio es benévolo en cierto sentido, marca una retracción fuerte en el crecimiento del PBI, pero desliza una esperanza en la contención de la inflación. Pronostica el 60% para el año que viene, la misma cifra que proyecta el gobierno de Alberto Fernández en el proyecto de Presupuesto 2023. No es la primera vez que el FMI se equivoca con la meta de inflación de la Argentina, ya le pasó lo mismo durante los primeros dos años de la fallida gestión de Martín Guzmán en Economía.
Ahora bien, el Fondo subraya que el entorno externo «ya es muy difícil para muchas economías de mercados emergentes y en desarrollo. La fuerte apreciación del dólar estadounidense se suma significativamente a las presiones internas sobre los precios y a la crisis del costo de vida para estos países. Las corrientes de capital no se han recuperado y muchas economías de bajos ingresos y en desarrollo siguen en dificultades de endeudamiento».
Aconseja a los países emergentes -como Argentina- «calibrar la política monetaria para mantener la estabilidad de precios, mientras se permite que los tipos de cambio se ajusten, y conservar valiosas reservas».
