Patricia Bullrich es, por sobre todas las cosas, una profesional de la política. Con más de cinco décadas dentro del mundillo depredador, la ahora senadora de La Libertad Avanza supo acomodarse como pocos a los ecosistemas y las circunstancias. Hoy, con 70 años y una vida más que satisfactoria, la ex macrista supo consolidar su poder dentro de La Libertad Avanza gracias a una expertise que no comparte con ningún otro integrante de la mesa chica del gobierno, ni siquiera los asesores más empoderados. Una cucarda más que suficiente para salir a reclamar lo que cree que le responde: un lugar en el Ejecutivo.
Este miércoles, Bullrich realizó un posteo en redes que movió más dudas que certezas. “Hola. Ladrón de paz”, reza el tuit acompañado con una foto de ella en la sesión haciendo un gesto de silencio con el dedo. La referencia de la frase es la canción La Perla de Rosalía, la cantante española que la semana pasada llenó varios estadios Movistar Arena. “Nunca le prestes na’, no lo devolverá. Ser bala perdida es su especialidad. La lealtad y la fidelidad. Es un idioma que nunca entenderá. Su masterpiece, su colección de bras. Si le pides ayuda desaparecerá”, continúa la canción.
Hola. Ladrón de paz. pic.twitter.com/rR2SY11vVx
— Patricia Bullrich (@PatoBullrich) August 12, 2026
La publicación de la senadora llega horas después de que se filtrara el intercambio que la jefa del bloque tuvo con Martín Menem en la reunión de mesa política. Según pudo reconstruir este diario, el presidente de la Cámara de Diputados le habría achacado a la ex macrista su estrategia para aprobar proyectos en el Senado, instancia que enfureció a la porteña quien puso en su lugar al sobrino del ex presidente y le aclaró que la que conduce la cámara alta es ella. “Quieren hacernos creer que metiendo cuatro o cinco proyectos por sesión nos va a ir mejor que como hasta ahora. Es la estrategia más estúpida que escuché en mi vida”, dijeron sin rodeos desde el entorno de la dirigente marcando las profundas diferencias con el menor del clan.
Más allá de las diferencias de ejecución, la intolerancia mutua entre los representantes parlamentarios de la mesa política tiene como origen un anhelo en común: ser quien acompañe a Javier Milei en la boleta del 2027. En el entorno de Bullrich no niegan sus intenciones y, por el contrario, fogonean los rumores. “En la Ciudad Patricia está a dos puntos de ganar en primera vuelta, pero le importa poco. Ella trabaja para ser candidata a vicepresidenta porque sabe que puede darle fortaleza al cargo y eso le entusiasma”, dijo a Tiempo un colaborador que acompaña a la porteña desde hace décadas. Pero no es la única con deseos.
Aunque aún no lo dice públicamente por recomendación de sus laderos, Martín Menem tiene como ambición ser quien conduzca los destinos del gobierno en la cámara alta por cuatro años para luego ser ungido como el candidato natural para ser el sucesor del presidente en 2031. Las malas lenguas dicen que contaría con el aval de Karina, más no del propio Milei, quien será quien tendrá la palabra final. Más allá de este contratiempo, en el menemismo están convencidos de que podrán anotar una nueva hazaña para el emblemático apellido, por eso cada vez que chocan de frente con el paredón Bullrich el estruendo es tan fuerte.
En Casa Rosada, creen que Bullrich puede romper con Milei
Hace dos semanas, sin que nadie se lo pidiera, la ex militante de la Juventud Peronista dijo a Clarín que, luego de la reelección de Javier Milei, quiere ser presidenta. Las declaraciones, explosivas como pocas, generaron un oleaje de reacciones internas en Balcarce 50, donde no dudan en calificar a la ex ministra de Seguridad como una “cuentapropista”. Para algunos interlocutores presidenciales, con sus dichos la porteña salió a marcarle la cancha al líder libertario, plantó bandera sobre sus aspiraciones de cara al 2027 y, para peor, anticipó sus movimientos. “Está claro que si a Patricia (Bullrich) no le damos lo que pide, va a romper”, dijo convencido ante la consulta de Tiempo una fuente con trato diario con el jefe de estado.
En el entorno de la senadora, por su parte, fueron contundentes al negar este escenario. “No va a romper, la etapa de rupturas se terminaron. Ella sabe que la sociedad y sus votantes no aceptarían que vuelva a cambiarse de espacio y además son conscientes de que si lo hace ella estaría colaborando con la vuelta del peronismo”, explicaron para dar por descartada toda posibilidad electoral que no implique estar en el binomio presidencial.

Ya no es una novedad que la senadora quiere ser la compañera que elija el presidente para ir en búsqueda de su reelección el próximo año. Dos años atrás, este diario contó en detalle los planes que la ex macrista tenía por entonces para conquistar la confianza del libertario, una hazaña que consiguió con creces: todos los domingos los porteños se juntan a desayunar en la Quinta de Olivos, a solas. Sin horarios ni intermediarios, los dirigentes tienen largas charlas sobre el presente del oficialismo, la situación económica y la realidad política del país. El dato que destaca, sin embargo, es que de ninguno de esos encuentros participa Karina Milei.
La secretaria general tiene un vínculo por demás tirante con la ex ministra. Para El Jefe, el rol protagonista de Bullrich no sólo es una complicación para el sobre control que tiene del gobierno de su hermano, también comprende una amenaza real para la obediencia debida que la cúpula del Ejecutivo utiliza como método de sometimiento puertas adentro de la gestión. Los guiños separatistas que la titular del bloque libertario tuvo en el Senado durante las sesiones extraordinarias en el verano fueron apenas un soplido al lado del aluvión que significó la exigencia de renuncia a Manuel Adorni en pleno prime time televisivo. Aunque aquella jugada sorprendió por igual a todo el oficialismo, para Karina fue una declaración de guerra.
Desde entonces, la hermana presidencial tuvo varios intentos de domesticación, pero la fiera demostró con creces ser incontrolable. Por eso, desde el entorno de la presidenta de La Libertad Avanza entendieron más sano dejarla ser y contrarrestar su peso dándole aún más protagonismo a la menor de los Milei, quien desde hace semanas se mueve como una virtual vicepresidenta con reuniones con jefes de estado y delegaciones extranjeras.
En varios despachos de la Casa Rosada, sin embargo, saben que perder a una figura como la ahora senadora es una complicación que no están dispuestos a pagar. Bullrich custodia una importante cantidad de votantes que, de querer hacer uso, podrían drenar una considerable porción de apoyo en una elección que en el oficialismo ya descartan que será ajustada. Por eso, por ahora, todo se mantendrá entre algodones. Hasta que alguien se atreva a acercar una chispa.
