Durmiendo con el enemigo: crónica del bizarro affaire Olivos


Se podría decir que el imaginario del recordado José López Rega (a) “El Brujo”, estaba más cerca de la dialéctica hegeliana que la cosmovisión de Javier Milei. Es que este último, entre otras extravagancias de la fe, cree a pies juntillas que su difunta mascota, el perro Conan, lo asesora desde el Más Allá.

De hecho, en 2017 –cuando no era más que un panelista de TV–, lo hizo clonar en el laboratorio “PerPETuate, Inc”. Así surgieron cinco pichichos que él considera reencarnaciones de su primer mastín.

Pues bien, uno de esos canes acaba de sufrir una intoxicación. ¿Acaso fue un magnicidio perruno en grado de tentativa? Sea como fuere, aquello causó en la Quinta Presidencial de Olivos el despido de 12 empleados. 

Pero sobre ellos también pesaba la sospecha de una infidencia vinculada a la compra de 29 toneladas de carne por 500 millones de pesos, algo digno de figurar en la Guía de Records Guinness. Y según denunció la diputada Marcela Pagano (una arrepentida de los ideales libertarios), al sólo efecto de un negocio redondo: su reventa a través de la empresa de catering “Pancitos Caseros”.

El asunto es que su titular es Analía Agudiez, quien estaba en la Quinta Presidencial a cargo de la cocina. Es la hermana de María Belén Agudiez, una de las mejores amigas de Karina Milei, quien supo honrarla poniéndola allí al frente de la Subsecretaría de Planificación General. En tanto que su cuñado, Osvaldo Sosa, era el administrador de esa residencia. A esta historia se le suma Maru Gorini, otra gran amiga de Karina, junto a Bettina Angeletti, la esposa del ya cancelado vocero Manuel Adorni. Cartón lleno.

Este era el staff de lo que entre los empleados del lugar se denominaba, en voz muy baja, “La Gavilla de Olivos”.

“La Brujita” Agudiez.

Ahora sus integrantes están sospechados de “peculado, fraude y lavado de activos”. Pero tienen poco que temer porque la denuncia correspondiente es tramitada por el juez federal Julián Ercolini y el fiscal Eduardo Taiano; un dúo de notables “garantistas” para procesados del poder. 

Lo cierto es que, al estallar el “Olivogate”, sus hacedores, en el mayor de loa sigilos, dieron un paso al costado. Y recién después se los apartó por decreto, suscripto por Milei pese a las objeciones de Karina. 

De modo que el affaire en sí provocó una circunstancia no debidamente considerada por el espíritu público ni por los analistas: la primera pelea política entre el mandatario y su hermana. Un conflicto aún con final abierto.

Por lo pronto, Milei se apresuró a poner el funcionamiento de la Quinta en manos de la Casa Militar.  Y su jefe, el general Sebastián Ignacio Ibáñez, es ahora su máxima autoridad, secundado por un uniformado de insigne apellido: el coronel Fernando Tereso.

Pero la urgencia de Milei por sanear su hogar hizo que no se enterara de un detalle (sin que Karina ni la SIDE lo pusieran sobre aviso): el general Ibáñez mantiene un tórrido romance con María Belén.

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Acerca de semejante enroque, la versión de Milei fue irrisoria: “Reforzar la seguridad ante la visita al país del papa León XIV”.

En medio de su momentánea rispidez con Karina, no es un dato menor que, seguidamente, viajara sin ella a Nueva York para participar de la Asamblea General de la ONU. Allí se lo notó desorientado. 

En tanto, el escándalo de los gastos abultados en la Quinta de Olivos se extendía a la compra de frutas y verduras, por precios similares a los de la carne. Pero también daba cuenta de adquisiciones no gastronómicas, como insumos de jardinería y hasta carritos de golf. Todo autorizado por Karina.

Tales compras –según la denuncia– fueron facturadas por un jubilado de 80 años, sin ingresos ni patrimonio, quien figura como proveedor.

 Para colmo, toda la documentación de estas trapisondas terminó en poder del novio de María Belén, por estar al frente de la Casa Militar.  Dicho sea de paso, estos papeles están rubricados por ella (Belén), junto a la firma de Karina. Cabe también destacar que, desde que se volcó a la función pública, su patrimonio registra más de 500 mil dólares, multiplicando así sus ahorros por 98 en apenas dos años.  

María Belén, a la que llaman “La Brujita” por sus desbordes esotéricos, era en Olivos la alcahueta de Karina, quien depositó en ella su confianza, dado que entre sus muros no volaba una mosca sin que lo supiera.

Ella encandiló a la hermana del presidente dándose dique con sus saberes sobrenaturales; a la vez, le tejía muñequitos “sanadores” en crochet, regalándole también velas y aromatizadores para atraer los buenos espíritus.

En la Quinta Presidencial, los empleados le rehuían.  

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Karina y ella estaban allí cuando estalló el escándalo. Era el jueves 17 de septiembre y, a las 18:41, Milei posteó en X (antes Twitter) su más reciente juicio de valor sobre los periodistas, calificándolos de “mierdas humanas”. Belén, no muy consciente de la tormenta que se avecinaba, se lo festejó con un aplauso algo exagerado. A Karina, en cambio, se la notaba preocupada.

María Belén se arrimó al mundo libertario cuando era amiga y empleada del dirigente Ramiro Marra. Pero, al caer éste en desgracia, no dudó en apostar por Karina. Desde entonces, Marra la acusa de traidora. Y suele argumentarlo con un argumento indiscutible “Nunca hay que confiar en alguien que practica la magia negra”. 

Ahora, tras el fin involuntario de sus responsabilidades en la Quinta, ella ya no frecuenta Olivos. Pero –ya se sabe– sí su novio (otro alfil de Karina).

Un criterioso paso de la pesquisa al respecto sería la adopción de medidas con el objetivo de preservar las pruebas contenidas en los registros informáticos y en los videos captados por las cámaras de seguridad, revisando, además, todos los inventarios obrantes en los depósitos de Olivos.

Tras el súbito fin del asunto, el escenario del hecho quedó nada menos que en manos del novio de María Belén (otro alfil de Karina).

Un delito perfecto para una distopía de pura cepa.



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