Bausili: los antecedentes del motoquero del oro


A simple vista se notaba su nerviosismo. Pero aquel hombre enjuto, canoso y atildado efectuaba un gran esfuerzo para no perder la compostura, a pesar de la desconfianza hacia su persona que flotaba en el ambiente. La escena transcurría durante la mañana del 10 de septiembre en el Salón Azul del Senado nacional. Él era Santiago Bausili, nada menos que el presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Y lo cierto es que estaba allí a raíz de un enigma espinoso: el paradero de las reservas auríferas del país que, hasta cinco meses después de su nombramiento, atesoraba la bóveda de esa institución. 

En este punto hay que retroceder al 7 junio de 2024, cuando un camión blindado de la empresa Loomis partió desde la sede central del BCRA, situada en la calle Reconquista 266, para ir por la Autopista Ricceri hacia el aeropuerto internacional de Ezeiza.

Entre ese viernes y el 13 de agosto del mismo año, se realizaron otras tres travesías idénticas, sin que los camiones fueran escoltados por patrulleros o, al menos, motociclistas policiales. 

¿Es posible que la idea fuera fingir envíos de rutina?

En este caso, sus valiosas cargas fueron embarcadas en las bodegas de aviones pertenecientes a la línea British Airways. Eran 13 toneladas de oro puro, dividido en lingotes valuados en total por 1500 millones de dólares.

Pues bien, la orden del traslado exhibe la firma de Bausili. Y su ejecución también corrió por su cuenta. Pero sin especificar hacia dónde iban. Y, precisamente, tal era el motivo de su forzada presencia ante los senadores.

Había que ver a este individuo al deshacerse en explicaciones, mientras justificaba su falta de transparencia con el siguiente argumento:

–Cuando el Banco Central expone sus posiciones financieras suele correr un riesgo, porque está invitando al resto de los agentes a operar en contra. Eso se le hace más costoso y difícil al Banco Central. Y entonces se resguarda cierta información para que no le operen en contra. O sea, se publica con rezago, pero solo por los controles, ¿eh?

Al permitirse semejante argumentación, no se privó de esbozar una pícara sonrisa. Junto a él, su segundo, Vladimir Werning, sudaba la gota gorda.

Recién entonces, Bausili fue al grano:

–Vean –arrancó, tras un carraspeo– el oro fue trasladado al BIS (Banco Internacional de Pagos), en Suiza. Pero hay gente a la que le parece mucha más atractivo armar sobre esto una conspiración o una novela…

Y tras calibrar en silencio la reacción de los presentes, agregó:

–Había una demanda muy grande por lingotes de oro. Y resultaba óptimo aprovechar esa ventana de oportunidad a un costo más bajo que el histórico para convertir oro de calidad más baja en oro de calidad más alta. ¿Se entiende?

Santiago Bausili, presidente del Banco Central de la República Argentina.

Pues bien, luego también aseguró que la Auditoría General de la Nación (AGN) había analizado el tema, no sin rubricar su visto bueno.

–Todo está en orden, caballeros –soltó a modo de epílogo. 

Pero fue una dama la que puso el grito en el cielo: la senadora Juliana Di Tulio (PJ). Ella le saltó a la yugular, al grito de:  

–¡Mentira! ¡Bausili le miente al Senado! El oro se encuentra en Londres, en el Bank of England, aunque allí figura a nombre del BIS de Basilea.

Casi en paralelo, su compañero de bancada, Martín Soria, aportó lo suyo al desmentir la presunta aprobación efectuada por la AGN, ya que, en realidad, ese organismo no terminó de analizar la documentación para así reconstruir su verdadera trazabilidad. El senador dijo:

–La verdad es que la operación se hizo a través del BIS. Sin embargo, los cuatro envíos de oro están en el Banco de Inglaterra, en Londres. 

Después reveló que el gobierno había impedido que los funcionarios de la AGN tomaran fotografías de las planillas donde mostraban que el oro estaba, físicamente, en el Banco de Inglaterra.

Ni bien concluyó la reunión, el jefe del BCRA partió con exagerado apuro hacia su despacho. En su rostro palpitaba una impavidez casi sobrehumana

De echar mano a una metáfora financiera, se podría decir que su palabra vale menos que un billete de tres dólares.

Pero hay que reconocerle que, ya bajo el régimen libertario, tuvo el tacto de tardar un tiempo prudencial en exhibir la hilacha de su ser.

Aún así, sus antecedentes son vidriosos.

La última ocupación de este porteño de 53 años fue haber sido uno de los socios de la consultora Anker, junto con Luis Caputo. Desde luego fue el gran “Toto” quien le abrió las puertas del BCRA. Una gauchada “entre privados”.

Dicho sea de paso, ellos se conocieron en las aulas del colegio Cardenal Newman, al cual también iba Mauricio Macri. A continuación ingresaría a la Universidad de San Andrés, en donde, a fines de 1995 obtuvo una licenciatura en Economía. Ya era un ciudadano de la Patria Financiara.

Como tal, se incorporó a la afamada empresa de servicios financieros JP Morgan, donde trabajó entre 1996 a 2007 en su filial neoyorkina. Y luego pasó al Deutsche Bank. Allí, primero, tuvo un cargo jerárquico en la filial de la Gran Manzana, antes de pasar a Buenos Aires ya con rango de director. Conservó tal puesto hasta el último día de 2016.

Gobernaba ya su amigo Macri. De manera que, sin pensarlo dos veces, abdicó a la actividad asalariada para volcarse a la función pública con el cargo de subsecretario de Financiamiento.

El bueno de Bausili se sentía a sus anchas. Su jefe inmediato era Alfonso Prat Gay, quien lo convirtió en una especie de enlace entre los fondos buitres y él, encargándose de colocar la deuda que sus jerarcas –entre los que se destacaba Paul Singer– le exigían. Y fue recompensado con su ascenso a secretario hasta finalizar la gestión del PRO.

Bausili concluyó esa etapa de su vida con un excelente pasar. Porque, si bien había renunciado al Deutsche Bank al asumir su cargo ministerial, tuvo la suerte de seguir cobrando, por dos años, un sueldo en acciones de esa entidad, “amarrocando” así unos fabulosos cuatro millones de dólares. 

¿Es posible que tamaña generosidad corporativa tuviese que ver con su función durante el gobierno macrista, de tomar deuda por cuenta terceros?

Al parecer sí, dado que durante ese lapso el Deutsche Bank resultó la más beneficiada en el “curro” de las comisiones por servicios en la colocación de bonos correspondientes a la deuda externa del macrismo.

En otras palabras, este vivillo atendía desde los dos lados del mostrador. Por esa razón, el juez federal Sebastián Casanello lo procesaría por el delito de “negociaciones incompatibles con el ejercicio de la función pública”, algo que, por si fuera poco, le valió un embargo de 110 mil dólares.

Fue un duro trance para él y su familia.

En su defensa, esgrimió que sus intervenciones “fueron nimias”.

El expediente de Casanello avanzaba hacia una condena segura, la cual, indefectiblemente, hubiese malogrado la carrera de Bausili.

No obstante, los amigos de Macri en el Poder Judicial corrieron con gran premura en su auxilio y, cuatro meses después de su procesamiento, la Sala II de la Cámara Federal revocó el fallo del magistrado. Seguidamente, la Cámara Federal porteña le obsequió el sobreseimiento definitivo.

Ahora, el tema del oro lo tiene a mal traer. «



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