San Marcos Riega: una experiencia comunitaria para el manejo del agua


*Por Violeta Collado para CDM Noticias y La Tinta , en el marco del proyecto «Volvé Aromito»Fotos: María Eugenia Marengo

La localidad de San Marcos Sierras, ubicada en el noroeste de la provincia de Córdoba, tiene un sistema de acequias que es anterior a la conformación del pueblo. Fue clave en épocas de producción intensiva de frutas y verduras, y cuando llegaron los nuevos pobladores en busca de una alimentación más sana, el sistema se mantuvo activo. Pero con el tiempo, el crecimiento del turismo, las crisis económicas y las sucesivas sequías fueron desplazando la producción. El entramado de canales comenzó a desordenarse. Las calles se inundaban, el agua se perdía y los conflictos entre vecinos se multiplicaban. Justo antes de la pandemia, el municipio convocó a los regantes a organizarse. Así nació la Junta de Riego «San Marcos Riega», una experiencia que hoy cumple seis años y que logró poner en hora un sistema que funcionaba con lógica de boletos manuales y comunicaciones de boca en boca.

«Lo primero que hicimos fue armar grupos de comunicación y dividirlos por zonas, por las bandas, y eso trajo mucho orden, porque la comunicación en definitiva es casi lo más importante», explicó Catalina Göbel, integrante de la Junta. Pero la organización no se limitó a la mensajería. Empezaron por entender los saberes de los llaveros, los históricos cuidadores de las acequias, y sobre esa base, perfeccionaron el sistema. El mayor logro y, a la vez, un desafío permanente fue recuperar el rol de los regantes como sujetos activos del sistema, en una trama social muy heterogénea donde hoy hay más de 200 regantes estables a pesar de la crisis hídrica.

Recuperar el sistema implicó también salir a buscar tramos de acequias que habían quedado abandonados. «Uno de nuestros objetivos también es ser equitativo, no por vivir lejos no vas a tener agua, si es que ahí hubo una acequia», explicó Marisa Breit, también integrante de la Junta. «Hubo que volver a armar acequias antiguas que existían pero que estaban muy abandonadas».

Recuperar el sistema implicó también salir a buscar tramos de acequias que habían quedado abandonados. «Uno de nuestros objetivos también es ser equitativo, no por vivir lejos no vas a tener agua, si es que ahí hubo una acequia», explicó Marisa Breit, también integrante de la Junta. «Hubo que volver a armar acequias antiguas que existían pero que estaban muy abandonadas».

Julio Tulián, «llavero» de las acequias

En ese proceso, encontraron tanto adhesiones como resistencias. «Tenemos dos cosas ahí, una a favor, que es esto de que el agua es vida, y el agua cuando llega a propiedades es como una maravilla, es decir, no hay quien no se emocione cuando le entra agua a la propiedad, porque ya los pájaros, todo empieza a tomar otra forma, empieza como a tomar vida. Y lo negativo es que entras en propiedad privada, entonces en esa tensión, el agua que es un bien común y la propiedad que es privada, ahí empiezan los conflictos».

El desafío más grande no fue la logística interna ni los límites de los terrenos, sino el agua disponible. El dique El Cajón, ubicado en Capilla del Monte, alimenta todo el sistema y muestra niveles críticos desde hace tres años. En 2022 arrancó con 28 metros de altura; hoy ronda los 24 metros y no logra recuperarse ni siquiera con las lluvias. «El dique El Cajón se abastece del río Dolores, que actualmente trae muy poco caudal, y que también tiene que ver con el crecimiento poblacional de las localidades aguas arriba. Si bien el año pasado la mayoría de los diques de la provincia se recuperaron porque hubo muy buenas lluvias, el dique El Cajón no se recuperó», detalló Breit.

Eduardo Orecchia, productor de San Marcos Sierra

«En la tensión entre el agua como bien común y la propiedad que es privada, empiezan los conflictos»

Ubicada en el noroeste de la provincia de Córdoba, la cuenca del río Dolores forma parte de la cuenca del río Cruz del Eje, que pertenece al sistema de Salinas Grandes. Este curso de agua tiene su origen en las estribaciones de las Sierras Chicas y su principal afluente es el río Calabalumba, que desciende desde las faldas del cerro Uritorco; aguas abajo del dique El Cajón, ambos ríos continúan su recorrido hacia el norte con el nombre de San Marcos. En febrero de 2025, el cauce principal del río Dolores permaneció completamente seco. Esta situación evidenció la necesidad de abordar la gestión de las cuencas desde una perspectiva integral y sostenible, que trascienda los límites administrativos y contemple las múltiples dimensiones —ambientales, sociales y económicas— que interactúan en el territorio.

Con ese margen tan estrecho, cada riego se convirtió en una operación de precisión. El año pasado apenas pudieron realizar cuatro entregas de agua en todo el año. Los turnos son de 40 minutos y pueden tocar a las tres de la mañana. Cualquier demora en la apertura de las compuertas del dique, que está a 20 horas de distancia en términos de recorrido del agua, desajusta todo el cronograma. «Si nosotros hacemos toda una organización y no abrieron el dique, tenemos que correr absolutamente todo y la incertidumbre ahí es lo que hace temblequear todo este sistema», describen Catalina y Marisa.

El agua de la acequia en sistema de riego por surco

En este contexto de crisis hídrica, la organización comunitaria en la administración del riego es clave para poblaciones como San Marcos Sierras. Para fortalecer este camino, crearon una asociación civil con el fin de brindar apoyo y articular distintos proyectos interinstitucionalmente. También participan activamente en la Mesa del Agua de la localidad, un espacio clave para debatir y planificar el uso del recurso. La Junta también debió enfrentar discusiones de fondo con la provincia.

La legislación prevé que estas organizaciones tengan un plazo de seis meses para convertirse en consorcios de riego, una figura que implica costos imposibles de sostener para sistemas pequeños como el de San Marcos. «No nos vamos a conformar como un consorcio de riego, necesitamos que la provincia revise estos sistemas», sostuvo Breit. En ese camino, empezaron a articular con otras comunidades con problemas similares y a generar datos propios. Una vecina, Dama, elabora gráficos semanales con la evolución del dique. Esa información les permitió sentarse a negociar el plan de desembalse con la Agencia Provincial de Recursos Hídricos (APRHI) y el municipio, una articulación que se volvió clave en la gestión cotidiana.

En medio de las tensiones entre lo público y lo privado, con acequias que cruzan propiedades y a veces hasta casas, la Junta avanza también en una ordenanza que explicite el carácter público de esos canales. También sostienen el objetivo de fortalecer la soberanía alimentaria local como un pilar de la comunidad, un objetivo que se entrelaza directamente con la sustentabilidad y el ordenamiento territorial. Aunque la producción de alimentos haya dejado de ser prioridad en la zona, la soberanía alimentaria sigue siendo un propósito.

«El agua es vida, y el agua cuando llega a propiedades es como una maravilla», resume Breit. Esa emoción es la que todavía motoriza a un grupo de vecinos y vecinas que se reúne todas las semanas, sin remuneración, y que cuando sale a destapar una acequia o a cobrar una cuota mínima para mantener los 40 kilómetros de canales y acequias, lo hace con la convicción de que están sosteniendo algo más grande que un simple sistema de riego.

«El agua es vida, y el agua cuando llega a propiedades es como una maravilla»

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