reducir el riesgo del consumo de drogas en fiestas


Asesorar a las personas que consumen drogas de forma recreativa con el fin de reducir los riesgos para su salud es uno de los objetivos principales del programa Energy Control. Lo lleva siendo desde hace casi tres décadas, «libre de tabúes» y con información «rigurosa y útil». Dejando claro, eso sí, que el riesgo cero no existe.

Es un proyecto que trata de estar presente sobre todo en contextos vinculados a música electrónica, como pueden ser festivales, discotecas y raves.

Desde 1997

Fue en 1997 cuando la Asociación Bienestar y Desarrollo reparó en que el perfil de los usuarios que atendían con problemas de drogas había cambiado. Ya no era tanto el consumidor de heroína como el joven que salía los fines de semana y consumía, sobre todo estimulantes como el éxtasis, según cuenta a EFE Salud el director estatal de Energy Control, Claudio Vidal.

«Se vio que podía ser necesario el acercarse a esos contextos donde se estaban produciendo los consumos y acercar una información que entonces no existía, que no fuera la clásica del ‘no consumas’, sino dar por hecho que quienes estaban en esos espacios ya habían tomado la decisión de consumir, pero que les podía faltar una información sobre cómo cuidarse o protegerse en caso de consumo», explica Vidal.

Ese fue el origen del proyecto Energy Control. Comenzó en Cataluña, pero con el tiempo se ha extendido a tres comunidades más: Madrid, Andalucía y Baleares.

El director estatal de Energy Control. Claudio Vidal. Foto cedida

La información, la base

«Nuestra misión es poder ser una referencia, que esté libre de tabúes, que sea rigurosa para las personas que consuman drogas, para que puedan gestionar tanto los placeres, es decir, aquello que están buscando, como los riesgos que van asociados a esa búsqueda», abunda Vidal.

Y la información es la base porque, insiste, «muchas veces ha sido negada» por temor a que si se ofrece parece que estás permitiendo su consumo.

«Nuestra mirada es muy distinta. Son personas que ya han tomado la decisión de consumir y que negarles el acceso a esta información precisamente les puede colocar todavía en más riesgo». añade Vidal.

El trabajo que llevan a cabo lo hacen a partir de diferentes líneas de trabajo, porque para la ONG que impulsa el proyecto es importante ofrecer a las personas a las que está dirigida la intervención participar dentro de Energy Control como voluntarios.

Energy Control drogas
Enegy Control está presente en espacios de ocio nocturno. Foto cedida

Se desarrolla dentro de los propios espacios de «fiesta» porque la idea es estar en lugares y momentos donde se produce el consumo, para poder entrar en contacto con quienes van a consumir.

«Sobre todo a partir de una lógica que nosotros denominamos de accesibilidad mutua, es decir, las personas pueden acceder a nosotros, también podemos aprender qué es lo que está ocurriendo, porque muchas veces es difícil saber qué pasa si no se está allí», indica Vidal.

Análisis de sustancias

Informar, asesorar, pero también analizar las sustancias de consumo.

«La lógica que tienen es que cualquier persona que va a consumir pueda acudir a una de nuestras sedes, donde analizamos la sustancia y le devolvemos el resultado de cuál es la composición y siempre acompañada de una información sobre cómo gestionar el consumo», afirma Vidal.

Y esto facilita que la persona que va a tomar esa droga sepa su composición, pero también al proyecto conocer cuál es la realidad del mercado de las drogas. Datos, en definitiva, que permiten orientar las acciones de reducción de riesgos.

Y conocer si hay cambios en la pureza de la droga y si hay nuevos adulterantes, por ejemplo.

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Foto cedida

Las tres grandes administraciones que más les apoyan, asegura, son el Ministerio de Sanidad, la Generalitat de Catalunya y de la Junta de Andalucía, lo que ha permitido realizar el proyecto durante estos años.

Aparte de la financiación de las administraciones, tienen contacto con «muchos dispositivos sanitarios» y comparten espacios de información a través de congresos, entre otros puntos de encuentro. «Siempre tratamos de tener ese canal abierto, sobre todo porque es importante el que podamos compartir la información», sostiene.

Buena acogida

La acogida de Energy Control en los entornos en los que busca reducir los riesgos en el consumo de drogas es muy satisfactoria, y siempre lo ha sido, porque actúan «sin moralismos», «sin juzgar a nadie» y «permitiendo abrir esos espacios, de conversación sobre el consumo, que muchas veces no tenían».

«Y con el servicio de análisis de las sustancias estamos lanzando un mensaje muy claro, de que no te juzgamos, no te sancionamos de ninguna manera, sino que estamos para darte un recurso que pueda ser de utilidad», incide Vidal.

Precisamente en cuanto a las sustancias, el responsable estatal del proyecto asegura que hay mercados mucho más diversos que hace años, aunque las «clásicas» siguen dominando la noche, como la cocaína y el éxtasis, pero hay otras que se han incorporado como la ketamina o el tusi (la llamada cocaína rosa), que es una mezcla de ketamina y MDMA.

Son estas las que predominan, aunque hay gran diversidad, insiste.

El perfil de los usuarios no ha cambiado mucho; son, sobre todo, jóvenes.

Cualquier forma de consumo ya es un riesgo

Para Vidal proyectos como Energy Control son necesarios porque «permiten estar en contacto con personas que no encuentran una respuesta cuando están consumiendo, solo obtienen muchas veces una que es sancionadora, cuando no punitiva, como las multas».

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Folletos de información. Foto cedida

«Hay que ser conscientes de que este consumo existe y que también da lugar a una serie de problemáticas que tenemos que atender; para eso es fundamental el poder entrar en contacto con las personas a través de recursos que sean útiles y creíbles», destaca.

Y les advierten de los riesgos de consumir porque no hay riesgo cero: «Cualquier forma de consumo ya lo entraña y quien desee el riesgo cero, pues lo mejor que puede hacer es no consumir».

Pero no solo el de la adicción, sino de otros que incluso pueden ser más frecuentes como las intoxicaciones, las sobredosis y la muerte.

«El abanico de riesgos es amplio y va más allá de la adicción», recalca.

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