Protesta de los empleados despedidos de Alal en los corsos goyanos.


 La movilización de los trabajadores de Alal fue en el Corsódromo de Goya.

 La medida busca visibilizar los reclamos de los trabajadores. 

 En Goya, unos 260 empleados quedaron en la calle tras el cierre de la textil.

Los empleados despedidos de la textil Alal de Goya se movilizaron el sábado por la noche frente a Costa Surubí, donde en el marco de lo que fue el inicio del desfile de comparsas en el Corsódromo en la avenida Primeros Concejales, momento de mayor concurrencia de gente en esa zona de la segunda ciudad de la provincia. De esta manera, los ex empleados buscan estar activos con sus marchas y movilizaciones en distintos puntos de la ciudad, para visibilizar la situación laboral que padecen denunciando la falta de pago y la propuesta irregular para el pago de sus indemnizaciones, ya que la empresa textil ofrece una proporción menos de lo estipulado por ley.

El ingreso de las comparsas al Corsódromo de Goya, ubicado en el predio Costa Surubí y epicentro de los Carnavales Goyanos 2026, estuvo marcado por una protesta de trabajadores despedidos de la textil Alal. La manifestación se desarrolló el sábado por la noche en uno de los horarios de mayor concurrencia de público, con el objetivo de visibilizar el conflicto laboral que atraviesan más de 260 familias correntinas.

Los ex trabajadores desde que se anoticiaron de la decisión de la patronal del cierre de la planta, decidieron realizar marchas recorriendo las calles de Goya, trasladándose hasta los domicilios particulares de los propietarios de la textil Alal, además de llevar adelante cortes intermitentes de rutas, situación que mantendrán en el tiempo hasta tener una respuesta acorde a sus reclamos.

En este contexto, ayer el delegado de los trabajadores de la hilandería Alal, Luis Gianotti, hizo referencia a la situación de los despidos que se registraron en la empresa y la falta de respuestas. Y describió el panorama como «muy delicado» y «totalmente caótico», revelando el impacto devastador de los despidos en la vida de sus compañeros. «Hay compañeros que nos llamaron, que nos dijeron: ‘No tengo para comprar 1 kg de pan’», afirmó Gianotti, subrayando la dureza y el dolor de la situación.

Hermetismo patronal

Los trabajadores recibieron el telegrama de despido al regresar de sus vacaciones, un golpe inesperado que los encontró con los bolsillos vacíos tras los gastos de las fiestas de fin de año. «Se gastó porque salimos el 22 de diciembre, teníamos las fiestas, Navidad, Año Nuevo, y se gastó», explicó Gianotti, lamentando la falta de un preaviso por parte de la empresa que les hubiera permitido prepararse.

A pesar de la adversidad, los reclamos no cesan. «Los reclamos se van a seguir haciendo hasta que tengamos una respuesta», aseguró el delegado. Sin embargo, hasta el momento la respuesta ha sido nula. «Hasta ahora no tenemos ni un tipo de respuesta, tanto de la parte patronal como tampoco de la parte política», denunció Gianotti en declaraciones al Matutino de Mega.

Respecto a las futuras acciones, el delegado explicó que las decisiones se toman en asamblea. «Se decide en asamblea en cada manifestación que se haga para el día próximo», indicó, dejando abierta la posibilidad de nuevas movilizaciones.

De hecho, en el momento de la entrevista, ya se estaba llevando a cabo una manifestación en la ciudad. La próxima audiencia está programada para el miércoles 11, y los trabajadores esperan una «respuesta favorable» que ponga fin a esta angustiante situación.

Catarata de críticas 

 Crisis sin precedentes en la industria textil, mientras desde la Nación promueven la ropa importada

La producción textil acumula caídas en 10 de los 11 meses de 2025 y opera con solo 29 % de su capacidad instalada. En dos años se perdieron 18.333 empleos registrados. Mientras, funcionarios nacionales celebran que compran ropa en el exterior.

La industria textil argentina atraviesa una de las crisis más profundas de su historia, en un contexto marcado por la caída del consumo, el avance de las importaciones y la ausencia de políticas de apoyo específicas. En ese escenario, declaraciones recientes de funcionarios nacionales generaron un fuerte rechazo empresarial, al ser interpretadas como un respaldo explícito a la ropa importada y un cuestionamiento directo a la producción local.

El ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó públicamente que no compra ropa en la Argentina, mientras que la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, sostuvo que la indumentaria que adquiere en Estados Unidos resulta más barata. Desde el sector textil, ambas expresiones fueron leídas como ataques a la industria nacional en medio de una situación crítica, y una suerte de burla para las millones de familias argentinas que ven dilapidado su poder adquisitivo.

Las declaraciones oficiales provocaron respuestas inmediatas. La actriz y empresaria Marixa Balli cuestionó a Caputo en redes sociales y calificó sus dichos como ofensivos frente a una población que enfrenta dificultades económicas básicas. En la misma línea, el diseñador Benito Fernández afirmó que los comentarios no aportan soluciones y rechazó que se trate a los productores locales como responsables de los altos precios.

Desde la Cámara Argentina de la Indumentaria, su presidente Claudio Drescher expresó «desilusión y tristeza» y advirtió que el sarcasmo no resuelve los problemas estructurales del sector. Recordó que los altos precios no se explican solo por la producción, sino por costos impositivos, logísticos y financieros que encarecen toda la cadena.

La Federación de Industrias Textiles Argentinas (Fita) reclamó una mirada integral y alertó que simplificar el debate conduce a diagnósticos erróneos. Señaló que las recientes rebajas impositivas y la desburocratización beneficiaron principalmente a las importaciones, mientras la producción nacional continúa bajo una alta presión tributaria, costos energéticos elevados y escaso financiamiento. «El problema no es la competitividad, es la competencia fraudulenta», remarcaron.

Empresas al límite y producción mínima

El impacto de la crisis se refleja con crudeza en los datos. Según un informe de la consultora Analytica, la industria textil acumuló caídas en 10 de los 11 meses de 2025, consolidándose como la actividad más golpeada del Índice de Producción Industrial (IPI). En noviembre, la producción textil se ubicó 31,2 % por debajo de diciembre de 2024 y 47,6 % menos que en noviembre de 2023.

La utilización de la capacidad instalada alcanzó apenas al 29 %, el nivel más bajo de toda la serie histórica, con excepción del período más crítico de la pandemia. Subsectores como el curtido y la fabricación de artículos de cuero registraron caídas del 44,1 %, seguidos por tejidos y acabados textiles (-34,7 %) y preparado de fibras (-33,7 %).

Empresarios como Mario Ortiz, referente de Textiles de La Matanza, describieron la situación como «terrible», con plantas operando a muy baja capacidad y ventas que no logran recuperarse. El reclamo se repite: «No pedimos subsidios, pedimos competir en igualdad de condiciones».

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