Preservando el Parque de la Vida: la fuerza de lo colectivo para proteger lo común


Hace tres años, un grupo de vecinos y vecinas de la ciudad de Córdoba salió a defender un parque público. Se organizaron, se citaron, se escribieron por WhatsApp. El municipio, entonces a cargo del actual gobernador Martín Llaryora, quería ceder unas tierras a tres clubes deportivos privados.

Esas tierras formaban parte del Parque de la Vida, creado en 1992 durante la intendencia de Rubén Martí. Aunque el parque fue pensado con una superficie de más de 60 hectáreas, más de la mitad nunca llegó a incorporarse efectivamente al patrimonio municipal.

“Nos congregamos en una reunión, en 2022, a pensar cómo deteníamos esa entrega que hubiera significado la pérdida de un 30% de superficie verde a manos privadas”, recuerdan desde el colectivo Preservando el Parque de la Vida. A partir de ese encuentro, comenzaron a desarrollar acciones para frenar intervenciones que ponían en riesgo el territorio y, al mismo tiempo, para proyectar su cuidado a largo plazo.

El Parque de la Vida está ubicado en el sudoeste de la ciudad y constituye una de las últimas superficies verdes extensas que quedan en Córdoba capital. Su valor no es solo urbano o recreativo. Como remarcan desde el colectivo, se trata de un espacio que cumple funciones ambientales clave, como la regulación de la temperatura, la absorción de gases contaminantes y el resguardo de biodiversidad. Allí conviven árboles nativos y exóticos, más de cincuenta especies de aves y pequeños animales que encuentran refugio en los pastizales y en el tramo final, aún silvestre, del arroyo La Cañada.

Aunque el punto de partida para Preservando el Parque de la Vida fue la amenaza concreta de perder una porción significativa del espacio verde, el proceso derivó en una organización con perspectiva socioambiental y anclaje territorial. “Somos un grupo de vecinas y vecinos autoconvocados que cuidamos un parque público”, cuentan.

En ese marco, a comienzos de 2023, el colectivo tuvo un rol activo en el debate sobre la refuncionalización del parque impulsada por la Municipalidad. Frente a un proyecto que inicialmente “distaba bastante de lo que consideramos valioso para este espacio”, organizaron talleres presenciales, abiertos y participativos, realizados junto a vecinos y centros vecinales de la zona. De ese proceso, surgió una propuesta consensuada, denominada Puesta en Valor del Parque de la Vida, que llegó a iniciarse como obra, aunque solo se ejecutó un porcentaje mínimo, en un contexto atravesado por el año electoral.

Para el colectivo, uno de los hitos más relevantes fue la presentación, en junio de 2023, de un proyecto de ordenanza para declarar Reservar Natural Urbana al área que recorre los últimos silvestres del arroyo La Cañada dentro del ejido urbano, que recibe el curso del canal Maestro Sur y contiene al Parque de la Cañada, Las Siete Alcantarillas y las Barranquitas de Bella Vista. La iniciativa abarca no solo al Parque de la Vida, sino también a otros espacios naturales del sector. El proyecto de ordenanza fue presentado en el Concejo Deliberante en junio de 2023 y retomado en diciembre de 2025, junto con otra iniciativa que solicita la protección de las 62 hectáreas del Parque de la Vida dentro del programa Pulmones Verdes del Ministerio de Ambiente de la Provincia de Córdoba.

El principal conflicto en torno al espacio no es nuevo. Cuando fue creado, las ordenanzas municipales 8800 y 8822 establecieron una superficie de más de 60 hectáreas destinada a parque urbano. Sin embargo, una parte de esas tierras nunca fue incorporada efectivamente al dominio público.

“Dentro de la superficie, había y hay hectáreas que son privadas, y esas hectáreas no están expropiadas en el presente”, explican desde Preservando el Parque de la Vida. Aunque esos terrenos están alcanzados por la Ordenanza 9110/94, que los declara sujetos a expropiación con destino a parque urbano, el proceso nunca se concretó. En esas parcelas, se preserva un bosque nativo en alto grado de conservación que hoy se encuentra bajo presión.

La expansión de urbanizaciones privadas en la zona puso en tensión el equilibrio del espacio verde. “Las tierras no expropiadas (en las cuales hay un bosque nativo en alto grado de conservación) colindan con una urbanización de EDISUR, quien, en 2006 y 2008, logró el cambio de uso de suelo de una gran área de uso rural a loteo domiciliario. Esto dio origen a la urbanización Manantiales, que desde entonces no ha parado de crecer, trayendo numerosos problemas, tanto para sus propios habitantes como para la ciudad entera”, señalan desde el colectivo. El cambio de uso del suelo y la creciente impermeabilización ha afectado el sistema de absorción de agua y calor que significaba el entorno del arroyo La Cañada”, advierten. En una ciudad que atraviesa con fuerza la crisis climática y registra lluvias cada vez más intensas, el tramo final, aún silvestre, del arroyo se volvió una de las últimas posibilidades de amortiguar inundaciones.

A la presión ambiental, se suma el debate por la conectividad vial. Desde barrios cerrados y countries cercanos, se reclama la apertura de nuevas calles para agilizar el tránsito hacia y desde el centro de la ciudad. “La respuesta fácil es sacrificar el Parque de la Vida para abrir calles de hasta cuatro manos”, sostienen desde Preservando. Una alternativa que ―remarcan― va en sentido opuesto a las tendencias urbanas actuales, donde se busca reducir la circulación de automóviles y aumentar la cobertura vegetal.

Frente a ese riesgo recurrente de fragmentación del parque, el colectivo elaboró y presentó propuestas de conectividad que no atraviesan el Parque de la Vida y que fueron elevadas oportunamente a las autoridades municipales.

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