Plan Cóndor, un libro sobre la coordinación de las dictaduras de la región


“La represión consignaba todo. Cada cosa que se movía, cada cuerpo que se trasladaba, cada licuadora que se robaba. Eso está todo anotado en algún lugar, era la burocracia del horror. Y no se destruyó todo. Hay muchos archivos esperando a ser descubiertos”, dicen la investigadora Francesca Lessa y el ilustrador Sebastián Santana, coautores del libro Plan Cóndor. Viejos secretos y nuevos hallazgos, publicado recientemente por la editorial chilena LOM al cumplirse 50 años de aquella coordinación represiva de las dictaduras de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay para perseguir y secuestrar militantes políticos exiliados. 

Paln Cóndor es un libro ilustrado y para los autores es una puerta de entrada al tema que no sólo documenta la represión transnacional, sino que busca perforar el “círculo de los convencidos” para alcanzar a lectores jóvenes y no especializados. La investigación de más de una década que la investigadora italiana Francesca Lessa le dedicó al tema tuvo su punto de llegada previa en plancondor.org del que fue coordinadora e investigadora principal.

Gracias a ese proyecto impulsado en 2021 por la universidad de Oxford del Reino Unido, donde ella reside, y organismos de derechos humanos de Uruguay y Chile, se encontraron con el artista visual e ilustrador uruguayo Sebastián Santana, quien tuvo a cargo la elaboración de tres piezas audiovisuales. Ese fue el punto de partida del libro que, a medio siglo del golpe de Estado de 1976 que dio inicio a la dictadura cívico militar, esta disponible en las librerías argentinas.

Francesca Lessa.

El valor de los archivos

En una videoconferencia con Tiempo, la profesora asociada en University College of London, desde el otro lado del Atlántico, junto a Santana, desde Montevideo, abordan el libro que muestra que el rompecabezas del Plan Cóndor aún tiene piezas por aparecer, como lo fue la localización de un avión usado por la Armada Argentina para los traslados clandestinos de prisioneros que pudieron localizar en Uruguay y espera a que el gobierno argentino se decida a trasladarlo para ser incorporado como prueba en la causa judicial.

“Gracias a los esfuerzos que hicimos con Sebastián, el libro ha tenido varias vidas. La primera fue cuando se publicó en Uruguay en octubre de 2023, coincidiendo con los 50 años del golpe en Uruguay y Chile. El libro se agotó rápidamente y decidimos con la editorial Penguin hacer una segunda edición para los 50 años del Plan Cóndor, que salió en abril de 2025 con actualizaciones sobre juicios y los avances en la tramitación para la repatriación del avión”, comienza Francesca Lessa.

Y sigue: “Nos interesaba mucho que el libro estuviera en Chile y Argentina, porque son los tres países que fueron el ‘corazón’ del Plan Cóndor. Esta versión la actualizamos con casos de víctimas chilenas perseguidas en Argentina y los últimos avances judiciales”.

“Hay muchos archivos esperando ser descubiertos”: Plan Cóndor, un libro sobre la coordinación de las dictaduras de la región

La particularidad de Plan Condor. Viejos secretos y nuevos hallazgos es que es un libro ilustrado. ¿Cómo llegaron a esa decisión?

Sebastián Santana: —Francesca venía buscando formas de comunicarse con públicos que no fueran académicos o periodistas especializados, sino públicos iniciales, no muy conocedores del tema. Ella encontró en Youtube un video muy corto que hicimos llamado En esta casa, que además se exhibe en un ex centro clandestino de detención en Uruguay, donde hoy funciona la Institución Nacional de Derechos Humanos y le gustó el lenguaje del dibujo sintético para comunicar estos temas. Así generamos tres narrativas audiovisuales para el sitio web Plan Cóndor, pero nos quedó la «espina» de que algo más se podía hacer y ahí surgió el libro. Es una consecuencia de esos videos y una continuación de su trabajo académico.

—¿Cuál es la apuesta respecto a los nuevos públicos?

Lessa: —Es cierto que estamos en una época digital, pero algo muy curioso es que nadie quería el libro digital. Creo que a la gente que lee le gustan los libros en papel. Especialmente este libro tiene más potencia en su versión en papel. Yo también trabajo en la universidad con estudiantes y he notado que los jóvenes piden más videos, ilustraciones, imágenes. Por mucho tiempo tuve la sensación que a las nuevas generaciones no les interesaba el tema o no querían leer o no querían saber. Y quizá es al revés, quizás es como nosotros le estamos transmitiendo la información lo  que genera una especie de barrera. Por eso fue que inicialmente escribí a Sebastián, para pensar cómo podemos hablar de estos temas. Muy poca gente quiere leer sobre terrorismo de Estado, sobre tortura, sobre desapariciones, son temas difíciles de abordar y si encima no lo comunicamos de una forma “amigable” se genera una barrera. Entonces, lo más novedoso del libro es esta combinación de una investigación académica con ilustraciones que transmiten de otra forma. En Uruguay tienen una expresión para eso: romper el círculo de los convencidos. Y llegar a los que no están convencidos y que quieran saber más. Este libro es un primer acercamiento al tema. 

Santana: —Hoy hay mucha cosa efímera. Este libro condensa 80 años de historia contado en bloques breves y esto es una ventaja porque es un punto de partida. Yo creo que el libro propone más tiempo para poder ver las imágenes en detalle. Y son imágenes sintéticas, permiten dedicarle tiempo a cosas que lo requieren, que no pueden ser tomadas a la ligera. Hace mucho pienso en cuál es la razón de la vigencia de estos temas, más allá del horror y de la búsqueda permanente de justicia, y la conclusión a la que llego para pensar en el futuro, es que se sigue peleando por las mismas cosas de ahora en términos de justicia social, de cuestiones básicas. El libro refleja algo de aquello porque recoge historias de luchadores sindicales, de los luchadores de temas educativos, de salud, de vivienda, cuestiones básicas de las personas. Vemos que el libro le gusta a la gente joven, le interesa y ahí es donde vemos que era una herramienta válida. Vemos que estos temas de hace 50 años tienen una contemporaneidad.

—En el libro se advierte un enorme trabajo de archivo. ¿Cómo fue ese proceso de síntesis?

Lessa: —Lo armamos de forma distinta, hicimos el proceso al revés. Sebastián había hecho muchísimas ilustraciones para los videos y solo había usado apenas un tercio. Entonces armamos el relato con las ilustraciones primero y mi aporte fue armar los textos para acompañarlas. Haber escrito el libro Los juicios del Cóndor (Ndr: publicado por Lessa en 2022) y haber hecho una investigación de más de 10 años, me dio una visión panorámica para poder  elegir lo esencial. En su momento revisé casi 5000 documentos de archivo, hice más de 100 entrevistas y asistí a más de 80 audiencias en Italia y en Argentina. Aunque la información es enorme el libro logra condensar los puntos clave.

Santana: —El dibujo para estos trabajos es una herramienta de comunicación que puede aportar cierta emotividad. Usamos el lenguaje del dibujo en blanco y negro para que fuera fácilmente replicable, que tuviera esta  cualidad del documento escrito. Establecimos volúmenes de texto muy breves para acompañar las imágenes, porque corríamos el riesgo de hacer un libro de 1200 páginas por el volumen de información, y presentar la información en el punto justo para despertar interés.

—El Plan Cóndor tiene una fecha de fundación en 1975, pero ¿cuándo comenzó realmente?

Lessa: —Tenemos excepcionalmente el documento fundacional, ese acta final de la reunión de Santiago, que se firmó el 28 de noviembre de 1975, que se toma como la fecha fundacional de Plan Cóndor. Pero los eventos de este tipo no surgen de la nada. Eso fue la formalización y la institucionalización, porque en realidad, se vio tanto en los juicios como en la investigación que las prácticas de colaboración entre los países de América del Sur en la persecución de los y las exiliadas se remonta por lo menos a 1969. Desde finales de los 60 y comienzo de los 70, vemos como los países empiezan a mirar a los exiliados y exiliadas como enemigos, por el surgimiento de la dictaduras y el movimiento de militantes que eso generó. Los brasileños que se van a Uruguay, los paraguayos que se van  a Argentina, luego los brasileños, uruguayos y bolivianos que se van a Chile y cuando cae Salvador Allende en Chile se van todos para Argentina. En el libro relatamos que en la semana de carnaval de febrero de 1974, se realizó una reunión organizada por la Policía Federal Argentina en Buenos Aires, donde se empieza a diseñar el esquema de Plan Cóndor que luego se institucionaliza a fines de 1975. Después todo empieza a venirse abajo cuando Argentina y Chile casi se enfrentan en una guerra a fines de 1978 en el canal del Beagle. Pero el Plan Cóndor fue este sistema de coordinación represiva con el objetivo específico de eliminar a los exiliados y exiliadas políticas que seguían militando, seguían denunciando las dictaduras a nivel internacional. Y es un proceso que se da hasta el 81 más o menos, con el periodo más fuerte entre fines del 75 y fines del 78. 

—¿Cómo funcionó la desclasificación de archivos y los juicios en Europa en el proceso de justicia y memoria?

Lessa: — Fueron fundamentales. Especialmente a finales de los 90, muy pocos de los archivos en América del Sur estaban accesibles. Entonces los documentos de Estados Unidos (Ndr: desclasificados por Clinton en 1999) fueron a llenar ese vacío de falta de acceso a la documentación que se dio después en los países. Los juicios en Europa (Italia, Francia, el caso Pinochet) fueron poniendo presión para la reapertura de juicios y no es casualidad que después vemos la apertura de los juicios en Uruguay, en Chile y en Argentina, que ya se había dado el juicio a la Junta, y algún otro, pero que en 2005-2006 se da la reapertura de todos los juicios que siguen hasta ahora. 

Santana: — No soy investigador, pero he notado trabajando con los materiales de Francesca es que hay tres grandes dimensiones: una es la solicitud de acceso a la información en los propios países, otra la solicitud de Estados Unidos y lo que se obtiene por negligencia o inoperancia de la propia represión. En los archivos del terror de Paraguay, no llegaron a destruirlos. Y Arancibia Clavel, este espía de Chile que tenía base en Argentina y que lo se lo lleva preso la dictadura argentina en el marco del conflicto del bilateral encuentran que guardaba  una copia de cada documento que emitía, algo que un espía no debería hacer jamás. Tenía todo en un ropero con doble fondo. La represión consignaba todo. Era la burocracia del horror. Hay muchos archivos esperando a ser descubiertos

—En el libro cuentan que encontraron un avión de la Armada Argentina usado en el Cóndor. ¿Cómo fue ese hallazgo?

Santana:—Es de locos, novelesco. En los videos para plancondor.org la idea era contar un caso y tomamos el caso  «Cinco en Asunción», un secuestro de personas uruguayas y argentinas en Paraguay trasladadas a Argentina. Este es un caso que tiene mucha documentación porque apareció en los archivos de terror del Paraguayo. Y está el documento que es un acta de entrega de los paraguayos a los argentinos para el traslado de las personas. Y en ese documento está la matrícula del avión. Tuve la idea de buscar en Internet para dibujar el avión y aparecieron fotos de un avión muy parecido que resultó ser el mismo. En general eran sitios web o blogs de fanáticos de la aviación. Y lo que sucedió es que el avión que se había utilizado en ese traslado clandestino, que era un avión de la Armada Argentina había sido vendido después a particulares primero en Argentina y después en Uruguay y estaba abandonado y sigue hoy estacionado en un aeropuerto en Montevideo. Elevamos un informe a la justicia argentina, lo tomó el juez (Sebastián) Casanello que tiene la causa Plan Cóndor y un peritaje confirmó que era efectivamente el avión. Hoy está cautelado por la justicia uruguaya, está solicitada la repatriación de Argentina y aceptada por Uruguay, pero estamos políticamente en tiempos bastante adversos, por decirlo de forma elegante, para que se habiliten los recursos materiales.

La memoria y el futuro: “Hay una esperanza”

“Hay una esperanza, en el sentido de que el pueblo sigue reclamando justicia de alguna forma o de otra, y alguna línea de verdad sigue buscando y siempre hay una línea de verdad para reclamar. Entonces eso es lo que me da ánimo. El tamaño del daño es tan grande que lo van a seguir las nuevas generaciones. Eso es un poco terrible porque es como una maldición griega, pero a  la vez da cuenta de que no se da por saldado ni por resuelto, más allá de alguna decisión o algún clima político al momento”, piensa y expresa Santana. 

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