El sismo de magnitud 7,7 del viernes, uno de los mayores que han sacudido a este país del Sudeste asiático en el último siglo, paralizó aeropuertos, puentes y carreteras en medio de una guerra civil que ha destrozado la economía y desplazado a millones de personas. El número de muertos en Myanmar ascendía a 1.644, según informó ayer el gobierno militar, de acuerdo con el servicio de noticias birmano de la BBC. En la vecina Tailandia, donde el sismo sacudió edificios y derribó un rascacielos en construcción en la capital, Bangkok, perecieron al menos nueve personas. Los supervivientes de Mandalay, la segunda ciudad más grande de Myanmar, cavaban el viernes con sus propias manos, en un intento desesperado por salvar a los que seguían atrapados al faltar maquinaria pesada y en ausencia de las autoridades. En Bangkok, las operaciones de rescate continuaban el sábado en el lugar del derrumbe de una torre de 33 pisos, donde 47 personas estaban desaparecidas o atrapadas bajo los escombros, entre ellas trabajadores de Myanmar. Los modelos de predicción del Servicio Geológico de Estados Unidos estimaron que el número de muertos en Myanmar podría superar los 10.000 y las pérdidas podrían superar la producción económica anual del país. s