Migrar con autismo


David Días es una persona autista que hace cinco años emigró con su familia de Venezuela para instalarse en España, un país al que trae “una doble aportación como inmigrante y como persona autista”, asegura en una entrevista con EFE para dar visibilidad al Día Mundial de Concienciación sobre este trastorno que se conmemora el 2 de abril.
Migrar con autismo
David defiende que “una sociedad diversa puede buscar muchas soluciones a un mismo problema” y siente que tiene una doble aportación: su visión como inmigrante y como autista. EFE/Carmen Jaquete

David Días tuvo que migrar con su familia a Madrid el 2 de octubre de 2018 para comenzar una nueva vida porque en Venezuela “era imposible” y “no tenía futuro”, ya que su familia se tuvo que “mudar por fuerza económica”, aseguró el joven con autismo.

“Las primeras semanas eran como un sueño. No podía creer que estaba en Europa”, señaló David. Gracias a sus orígenes lusos, sus padres y él tiene pasaportes portugueses, lo que les facilitó su salida de Venezuela.

“Yo vengo de un país que está en la ruina total, entonces, adaptarme a España no fue tan difícil como pensaba”, explicó.

Una infancia encerrada

Su infancia en Venezuela no fue nada fácil, David la recuerda “literalmente encerrada y con episodios muy fuertes” porque cuando se estresaba por alguna circunstancia, le daban ataques de pánico y en lugar de encontrar ayuda, su entorno le culpaba.

En el colegio y en las calles sufrió maltrato que él achaca a la falta de “educación para entender lo que es el autismo”. Sus padres “se esforzaron” en ayudar, “pero la situación les sobrepasaba”, detalló.
“Venezuela fue una prisión para mí. Tuve mucha desesperanza”, confesó. Sus últimos años en el país fueron los más duros, su situación empeoró y tuvo varios intentos de suicidio.

Pese a las dificultades, David terminó el instituto y comenzó a estudiar periodismo en la Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas.

Migrar a España para él fue “liberador, escapar de una prisión donde no había ni esperanza ni futuro. Fue escapar de una pesadilla”.

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David Días en un momento de la entrevista con EFE. EFE/Carmen Jaquete

Un período de adaptación

Cuando llegó a Madrid tenía claro que quería continuar con sus estudios, pero la burocracia para que en España tuviera reconocida su condición fue lenta y necesitó un período de adaptación, así que optó por estudiar un curso de formación profesional en Productos Multimedia e interactivos.

Allí conoció a sus primeros amigos en la capital, entre las que destaca a Raquel, quien le enseñó la ciudad y le ayudó a adaptarse a la cultura, así como a entender diferentes expresiones o palabras de España.
De Caracas, David se trajo algunos de sus temores. “Al principio tenía miedo a salir de noche y no hablaba con la gente porque temía que me quisieran hacer daño”, confesó.

Un año después de llegar a España retomó la carrera de periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid, donde se sorprendió de las adaptaciones que disponía. Entre ellas, podía examinarse con computadora debido a su disgrafía, un trastorno que dificulta su caligrafía.

Bélgica, un país más inclusivo

A mitad de sus estudios, David decidió volver a migrar e irse de erasmus a Bélgica para poder mejorar su inglés.

En comparación con su experiencia de migrar en España, “allí el autismo está mucho más normalizado y la sociedad mejor adaptada”, señaló.

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Los pasaportes portugués y venezolano de David Dias, un joven venezolano con autismo. EFE/Carmen Jaquete

Se independizó por primera vez con ayuda del centro PLX of Applied Sciences and Arts, la Universidad de Hasselt donde cursó su erasmus, que le proporcionó psicólogos y le adaptó un trabajo en hostelería para que también tuviera independencia financiera.

“En Bélgica era todo tan funcional y se respeta tanto la inclusión que no sientes que eres autista”, detalló el joven, que destacó la gran presencia de personas con discapacidad en las aulas belgas, algo que echa de menos en España.

Mientras estudiaba en Hasselt, confesó que sentía que había perdido su adolescencia y su niñez en Venezuela y se preguntaba por qué no habría nacido en Europa.

La discapacidad en el mundo laboral: “Un gancho publicitario”

David ya se ha graduado en periodismo y ahora se enfrenta al mundo laboral. Entre el 76 y el 90 % de las personas con autismo están desempleadas según la Confederación Autismo España.

Una barrera a la que se enfrenta el joven venezolano, que siente que muchas empresas utilizan campañas inclusivas para lavar su imagen.

“Es un gancho publicitario más que una preocupación real”, apuntó.

David puso de ejemplo una cadena de supermercados que establece un horario adaptado para personas autistas, una medida que para él “es pura publicidad porque en realidad no contratan a personas con discapacidad. Ponen dos horas sin ruido, pero eso no es suficiente”.

El joven reclama que se adecúen los puestos de trabajo porque “muchas veces nos contratan simplemente para ahorrarse dinero, no te adaptan el puesto ni se preocupan por ti”. Sin embargo, considera que las personas con discapacidad tienen mucho que aportar.

David defiende que “una sociedad diversa puede buscar muchas soluciones a un mismo problema” y siente que tiene una doble aportación: su visión como inmigrante y como autista.

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