La tricoscopía digital optimiza el control de la calvicie común


Un trabajo de fin de grado universitario (TFG) demuestra que la tricoscopía digital en alopecia androgenética (AGA) es el método diagnóstico y analítico más preciso para controlar tanto la evolución de esta enfermedad como los efectos terapéuticos de los fármacos pautados a los pacientes: minoxidil y finasteride.

Elaborado por la médica Cristina Bravo Barnés bajo el auspicio del Servicio de Dermatología del Hospital Clínico San Carlos, el estudio ha comprobado que la tricoscopía digital «ayuda a conseguir estabilidad o reversibilidad frente a la destrucción de la alopecia androgénica», destaca.

«La tricoscopía digital, mucho más exacta y objetiva que la dermatoscopia analógica, aporta un gran valor diferencial en cuanto al diagnóstico y la monitorización de la alopecia», subraya Cristina Bravo, ahora en pleno proceso de adaptación a su primer año MIR en el Sistema Nacional de Salud.

Para el Dr. Eduardo López Bran, dermatólogo jefe del HCSC de Madrid, el trabajo de investigación de su exalumna, titulado «Innovación en el diagnóstico de la alopecia androgenética», confirma la utilidad de una herramienta «relevante» en la práctica clínica.

«Con el TFG de Cristina Bravo se comprueba que la tricoscopía digital puede establecer un diagnóstico adecuado y preciso sobre la intensidad del problema alopécico incidente», asegura el especialista en tricología y trasplante capilar.

«Y no sólo eso, evidencia que esta tricoscopía, basada en el análisis de las imágenes del cuero cabelludo y sus folículos pilosos, ofrece datos realmente cuantificables sobre la eficacia de los fármacos, lo que conduce a posibles optimizaciones terapéuticas ante la pérdida del pelo», refuerza.

El tricoscopio digital, con absoluta precisión, también analiza la fase vital en la que se encuentra cada uno de los folículos pilosos, ya sea en su etapa anágena, de crecimiento, o en fase telógena, de caída.

Además, permite calcular la medida global de la masa capilar en el área estudiada y su densidad, así como el grosor de cada uno de esos pelos, que a simple vista, incluso con tricoscopio tradicional, es imposible apreciar con tanto detalle.

En el estudio participaron doce jóvenes varones durante cuatro meses (especialmente un subgrupo de nueve pacientes), todos con diagnóstico de alopecia androgenética en menor o mayor grado. Y todos comenzaron a recibir un tratamiento combinado de minoxidil y finasteride.

Tanto al inicio de la prueba como al final de la misma se llevaron a cabo los análisis de los folículos pilosos de la muestra recogida de cada voluntario con el fin de cuantificar su estado previo y la progresión final de la enfermedad dermatológica.

Fotografías de la zona del cuero cabelludo de uno de los jóvenes participantes en el estudio. Ilustración extraída del TFG de Cristina Bravo Barnés.

¿Cómo interviene la tricoscopía digital en la alopecia androgenética?

Cada pelo del cuero cabelludo cumple un ciclo en tres fases: anágena, crecimiento que dura aproximadamente entre dos y seis años; catágena, transición con debilidad en un periodo de pocas semanas; y telógena o de caída de ese pelo, que dura entre tres y seis meses.

Al final de cada ciclo se inicia uno nuevo, puesto que nuestro pelo corporal está en renovación constante. Es una sustitución progresiva: un pelo por otro pelo.

Es aquí, entre las muchas alopecias, cuando entra en juego la calvicie común de origen androgenético, la más frecuente tanto en hombres como en mujeres.

En los hombres, la pérdida de pelo acontece a nivel de la región frontotemporal, con los clásicos golfos o entradas; en las mujeres esa pérdida de pelo suele producirse a nivel de la línea media, anteroposterior, que va desde la frente a la zona occipital.

«Se caracteriza por la necesidad de que haya dos factores determinantes en ausencia de los cuales no se puede desarrollar: un factor genético predisponente y un factor hormonal», indica el doctor Bran.

Esto va a conllevar la pérdida de pelo en hombres y mujeres, un 80 % y un 40 % en algún momento de sus vidas, respectivamente, si bien con patrones evolutivos diferentes.

tricoscopía digital.
El periodista de la Agencia EFE, Gregorio del Rosario, entrevista al Dr. Eduardo López Bran, jefe del Servicio de Dermatología del Hospital Clínico Universitario San Carlos de Madrid, y a Cristina Bravo Barnés, autora del estudio y, en la actualidad, MIR de primer año. Imágenes de Esther Adame.

En nuestra cabeza existen pelos predispuestos a desarrollar la alopecia androgenética y otros, en cambio, no conjugan esa predisposición, motivo por el que van a vivir toda la vida en el cuero cabelludo del hombre o de la mujer.

«Los pelos predispuestos genéticamente a perderse tienen un receptor para la enzima 5-alfa reductasa: cuando la testosterona llega a través de la sangre al bulbo piloso de estos pelos se une a la enzima formando dihidrotestosterona»,, explica el Dr. López Bran.

«El efecto continuado de estas hormonas masculinas provoca que estos pelos se vayan debilitando y miniaturizando a la vez que se acorta progresivamente su ciclo de crecimiento», completa el dermatólogo.

Esto es la clave que soporta, por ejemplo, la microcirugía de trasplante capilar.

«Sólo trasplantamos el pelo no predispuesto genéticamente que se encuentra en la zona del cuero cabelludo que va de oreja a oreja en los hombres o se localiza en la zona central de la parte posterior o nuca de las mujeres», describe.

Estos folículos pilosos, aunque se implanten en las zonas calvas, conservarán todas sus propiedades y no resultarán afectados por la piel de su nueva ubicación: la testosterona seguirá llegando, pero no se formará la dihidrotestosterona al no encontrar el receptor enzimático.

El estudio evolutivo de la AGA con tricoscopía digital

Dado que existen diferentes tipos de calvicie, pudiendo coexistir más de una en el mismo paciente, será necesario en muchos casos la utilización de la tricoscopía digitalizada de alta precisión para establecer el tipo de alopecia que sufre una persona y su correspondiente grado evolutivo.

La prueba diagnóstica se realiza con un dermatoscopio de vídeo DermoGenius ultra polarized, sistema que ofrece imágenes de alta resolución que superan el Full-HD. El dermatoscopio se acopla a una computadora a través de una conexión USB o HD.

«De esta manera captamos las imágenes en la zona de estudio obteniendo ocho parámetros fundamentales, que serán de gran ayuda para evaluar las condiciones capilares del paciente», expone Cristina Barnés.

Primero se define la zona a evaluar del cuero cabelludo y a continuación se coloca una plantilla con una circunferencia de un centímetro de diámetro. Este área se rasura y se tiñe con un tinte especial que facilita el análisis tricoscópico.

Después de higienizar la zona de estudio se llevan a cabo las fotografías digitales de alta resolución.

El tricoscopio facilita los parámetros de grosor capilar, densidad, porcentaje de pelo velloso y terminal, así como su propia densidad; también, el porcentaje de pelos en fase anágena y fase telógena.

Conocer el número total de pelos que sobreviven en el área diana es fundamental para realizar un seguimiento personalizado de la pérdida capilar del paciente y del estado de conservación o posible ganancia posterior: cómo evoluciona la alopecia, en este caso, androgenética.

La tricoscopía digital no es invasiva; de hecho, es una de sus grandes ventajas: se obtiene un gran número de datos en cuestión de 15 minutos, a diferencia de la dermatoscopia clásica, que necesita de escalas clínicas estándar (Hamilton-Norwood) y la pericia del especialista.

Cabe destacar, además, que una biopsia para el análisis capilar es una técnica diagnóstica que puede resultar incómoda para el paciente.

En un examen tricoscópico se observan los detalles y características tanto del cuero cabelludo como del pelo. Es una exploración básica e indispensable para confirmar al 100% el origen de la pérdida de pelo.

Tricoscopía digital.
La primera parte de la tabla resume los principales hallazgos en pacientes calificados bajo la etiqueta «control» en situación de normalidad y en pacientes AGA, ya diagnosticados con y sin tratamiento. El segundo cuadro muestra los datos más significativos obtenidos durante la investigación de los 12 casos en función de las variables analizadas a través de la tricoscopía digital. Ilustración extraída del TFG de Cristina Bravo Barnés.

«Los datos indican una reducción notable del proceso de miniaturización o pelos vellosos, con una mediana incremental de -5,1. Esta diferencia individual, no global, aunque 0,02 parezca irrelevante, supone una efectividad real del tratamiento farmacológico en cuatro meses», señala Cristina Bravo.

Otro de los parámetros contrasta la relación entre pelos terminales, gruesos, considerados sanos, y vellosos, finos y miniaturizados, indicador de AGA. La normalidad sería de 4:1 a favor de los pelos terminales.

«La densidad de pelos gruesos pasó de 130,92 a 143,59, un resultado notable en reversibilidad o enlentecimiento. Además, la ratio terminal-velloso resultó positiva, de 3,7 a 4,6 dejando así la consideración de criterio AGA al encontrarse por encima de una ratio inferior a 4:1, si lo ajustamos a la mediana», dice.

«A pesar de la estabilidad en la ratio terminales-vellosos a nivel individual, el aumento de pelos terminales y la estabilidad de la mediana en pelos vellosos sugiere en esta investigación una tendencia favorable, compatible con una reversión parcial de la miniaturización capilar», estima.

En este mismo sentido, pasados los cuatro meses del estudio, se muestra un aumento en el porcentaje de pelos en fase anágena, pasado del 62,42 % a un 82,97 %; como también sucede al objetivarse una mejoría en la mediana de la ratio anágenos-telógenos, de 1,66 % a 4,87 %; indicadores de crecimiento y densidad capilar total.

«Los resultados obtenidos confirman la eficacia del tratamiento combinado de minoxidil y finasteride en hombres (extrapolable a mujeres) con alopecia androgenética, al menos sobre la muestra de pacientes finalmente estudiados (9) durante los cuatro meses analizados», asegura la otrora estudiante de Medicina en la Universidad Complutense.

tricoscopía digital.

Para Cristina Bravo Barnés la tricoscopía digital se convierte así en una herramienta innovadora en la práctica clínica diaria que robustece la confianza de l@s pacientes en la efectividad de los tratamientos farmacológicos antialopécicos.

«Estudiar el cuero cabelludo y sus folículos pilosos con exactitud y objetividad, a diferencia de las pruebas analíticas clásicas, proporciona, a la vez, un mayor contexto de tranquilidad en la psicología de las personas que sufren calvicie», concluye la médica en ciernes.

Declaración que no sólo comparte el Dr. Eduardo López Bran, sino que le permite recordar que con tal fin no basta con un detallado y numérico análisis digital.

“El especialista deberá contar siempre con un historial clínico minucioso del paciente y haber efectuado una exploración tricológica concienzuda», atestigua el galeno lucense por excelencia.

«Es más, nuestros hábitos de vida, especialmente la dieta alimenticia, la ansiedad, el estrés y otros factores ambientales condicionan la pérdida de pelo, ya latente; todavía más cuando la genética y las hormonas subyacen bajo la epidermis haciendo de las suyas», advierte.

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