Al cumplirse un mes de la guerra en Irán, la policía israelí le impidió ayer domingo al cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca de Jerusalén y máxima autoridad católica, celebrar en forma privada la tradicional misa de Domingo de Ramos en la Iglesia del Santo Sepulcro, un incidente «grave» que ofuscó el inicio de la Semana Santa para millones de católicos y creó nuevas tensiones políticas. El canciller italiano, Antonio Tajani, que consideró «inaceptable» el impedimento, presentó una protesta formal del gobierno italiano y convocó este lunes al embajador de Israel para pedirle aclaraciones.
La premier, Giorgia Meloni, no dudó en tachar al episodio como una «ofensa no sólo para los creyentes». El tema fue creciendo con el pasar de las horas y provocó reacciones también de parte del jefe de gobierno español, Pedro Sánchez, que condenó lo que consideró «un ataque injustificado a la libertad religiosa» y del presidente francés, Emmanuel Macron, que destacó que el incidente «se suma a la preocupante multiplicación de violaciones del estatuto de los Lugares Santos de Jerusalén». Según un comunicado conjunto del Patriarcado latino de Jerusalén y la Custodia de Tierra Santa, todo ocurrió en la mañana de ayer, cuando «la policía israelí impidió» que el cardenal Pizzaballa, jefe de la Iglesia Católica en Tierra Santa, junto con el Custodio, monseñor Francesco Ielpo, entraran a la iglesia del Santo Sepulcro, en la Ciudad Vieja de Jerusalén, cuando se dirigían a celebrar la misa del Domingo de Ramos, de forma privada. «Ambos fueron interceptados en el camino, mientras se dirigían en privado y sin ningún tipo de procesión o acto ceremonial, y se vieron obligados a regresar. Como resultado, y por primera vez en siglos, los jefes de la Iglesia no pudieron celebrar la misa del Domingo de Ramos en la Iglesia del Santo Sepulcro», denunció el comunicado. «Este incidente sienta un grave precedente y atenta contra la sensibilidad de miles de millones de personas en todo el mundo que, durante esta semana, dirigen su mirada a Jerusalén», subrayó el texto, que enseguida dio la vuelta al mundo y causó sendas reacciones en Italia. «Los jefes de las Iglesias han actuado con plena responsabilidad y, desde el inicio de la guerra, han acatado todas las restricciones impuestas: se cancelaron las reuniones públicas, se prohibió la asistencia y se dispusieron los medios para transmitir las celebraciones a cientos de millones de fieles en todo el mundo», también destacó.

