En un contexto de fuerte tensión regional, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, anunció el inicio de negociaciones directas con Líbano para avanzar hacia un posible acuerdo de paz, al tiempo que desde Estados Unidos se intensifican las exigencias militares a sus aliados en Medio Oriente.
Según informó la oficina del mandatario israelí, las conversaciones apuntarán a establecer relaciones pacíficas entre ambos países, que actualmente no mantienen vínculos diplomáticos y permanecen formalmente en estado de guerra. El eje central del diálogo será el desarme de Hezbolá, organización alineada con Irán que fue blanco de recientes ataques israelíes en el sur del Líbano.
El anuncio se produce tras una escalada de violencia en la frontera, con bombardeos que dejaron más de 200 muertos según reportes preliminares. En este marco, Israel sostiene que sus operaciones buscan neutralizar posiciones de Hezbolá, en medio de enfrentamientos que se reactivaron a principios de marzo vinculados al conflicto con Irán.
Las conversaciones, que comenzarían la próxima semana según la cadena estatal israelí Kan TV, contarían con la participación de representantes diplomáticos de ambos países, en un intento por encauzar una salida política a una relación históricamente conflictiva.
En paralelo, la tensión en la región también se refleja en el plano internacional. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, exigió a los países europeos de la OTAN compromisos concretos para desplegar buques de guerra en el estratégico estrecho de Ormuz, una de las principales rutas del comercio energético mundial.
El pedido fue transmitido por el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, tras una reunión en la Casa Blanca. Según trascendió en medios europeos, varios diplomáticos calificaron la postura estadounidense como un «ultimátum», en el marco de la guerra iniciada el 28 de febrero tras ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán.
De esta manera, mientras se abren canales diplomáticos entre Israel y Líbano, el escenario geopolítico en Medio Oriente continúa marcado por la presión militar, las alianzas estratégicas y una creciente incertidumbre sobre la evolución del conflicto en la región.

