A pocos días de comenzar el debate por la reforma laboral, se hace necesario refrescar algunos puntos en debate desde la gestión de Javier Milei como presidente. El mercado laboral en la Argentina ha sufrido una fuerte transformación, de eso no hay dudas. Como consecuencia de las sucesivas crisis que vivió el país, el empleo formal se redujo considerablemente al punto de que se estima que el número de trabajadores informales, precarizados («en negro», como se decía hasta hace un tiempo) es igual o mayor al segmento de personal que está legalmente registrado. Esta simetría es altamente perjudicial, sus efectos repercuten en distintos frentes.
¿Se necesita una reforma laboral? El gobierno de Javier Milei sostiene que es imprescindible y varios sectores de la oposición (dialoguista) con representación parlamentaria coinciden con esa apreciación.
La reforma laboral será uno de los ejes de debate en el Congreso de la Nación tras el receso. No parece una tarea sencilla, pero la administración libertaria está dispuesta a encarar el desafío y ayer dio un primer paso en ese sentido. La senadora Patricia Bullrich, devenida en operadora oficial en el Senado de la Nación, dice que consiguió los números suficientes como para abrir el debate, aunque aún resta saber si están todos los votos.
Días atrás, el responsable del área de Trabajo del Gobierno, Julio Cordero, dio algunos ítems de la reforma que la Casa Rosada impulsa y por supuesto hubo reacciones negativas. Es la primera señal del clima de tensión que habrá en el Congreso a la hora de intentar la reforma laboral.
La discusión formal ni siquiera comenzó, pero se vislumbra mucha rispidez. La oposición más dura (el kirchnerismo) seguramente intentará bloquear la iniciativa y la polarización obligará a tomar posición al resto de los actores parlamentarios.
Sin embargo, la pregunta de fondo sigue firme: ¿es necesario una reforma laboral o se puede intentar otra fórmula? El jaleo quita serenidad al debate de ideas.
Mientras tanto asoman datos que describen un escenario preocupante. De acuerdo con el último Monitor de Empleo Formal elaborado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), sin considerar el monotributo social, el total de trabajadores registrados cayó un 0,2 % en julio de 2025 en comparación con el mes anterior, lo que equivale a una pérdida neta de 20.000 puestos registrados.
El informe detalla que la reducción en los puestos asalariados formales fue compensada parcialmente por el incremento en el número de monotributistas. Si se compara el panorama actual con el de noviembre de 2023, surge un cambio estructural en la composición del empleo: por cada diez trabajos asalariados que se perdieron, se crearon siete con monotributo. En el período comprendido entre noviembre de 2023 y julio de 2025, el total de trabajadores registrados -sin contar el monotributo social- descendió un 0,6 %, lo que representa 76.400 puestos menos.
Sin embargo, dentro de ese mismo lapso, los monotributistas aumentaron 6,1 % (124.000 personas) y los autónomos 0,9 % (3.400 personas).
Este comportamiento explica, en gran parte, el desplazamiento del empleo asalariado hacia modalidades más flexibles o de autoempleo, en un contexto de estancamiento de la demanda laboral privada y ajuste del gasto público.
Es el contexto, pero no debe apresurar conclusiones, hay bastantes responsabilidades para revisar antes de acelerar una flexibilización bajo el título de reforma.

