Tras horas de una búsqueda frenética y angustiante, la Prefectura Naval Argentina confirmó ayer el hallazgo de los cuerpos de Sergio Stortti, de 43 años y Melisa Argañaraz, de 34, las dos personas que permanecían desaparecidas tras el naufragio de una embarcación en la zona del banco de arena.
El operativo de rastrillaje, que involucró lanchas rápidas, buzos tácticos y patrullajes terrestres, llegó a su fin en una jornada marcada por el silencio y el dolor. Según fuentes oficiales, el cuerpo de Stortti fue localizado en la zona de Empedrado, arrastrado por la corriente varios kilómetros aguas abajo del punto inicial del siniestro. Casi en paralelo, el cuerpo de Argañaraz fue hallado en las inmediaciones de la capital correntina. Ambos hallazgos cierran el capítulo de la incertidumbre, pero abren una herida profunda en la comunidad que aún intenta comprender cómo una tarde de amigos terminó en catástrofe.
Todo comenzó el pasado sábado 27. Lo que pretendía ser una jornada de disfrute bajo el sol correntino en el popular banco de arena, frente a la zona de Boca Unidos, se transformó en una pesadilla cerca del atardecer. Una lancha con ocho ocupantes a bordo se vio sorprendida por un cambio repentino en las condiciones meteorológicas.
El reporte de las autoridades es determinante: el fuerte oleaje, combinado con ráfagas de viento que azotaron el canal principal del río, provocó que la embarcación sufriera una «vuelta campana». En cuestión de segundos, los ocho tripulantes quedaron a merced de la fuerza del Paraná. De los ocho ocupantes, seis lograron ser rescatados por otras embarcaciones civiles que se encontraban en las cercanías y por el rápido despliegue de la Prefectura. Sin embargo, el destino fue diferente para Sergio y Melisa.
Los sobrevivientes, aún bajo estado de shock, relataron cómo la inestabilidad del agua y la violencia del vuelco separaron al grupo en instantes. La desaparición de Stortti y Argañaraz dio inicio a un protocolo de búsqueda que se extendió durante todo el domingo, bajo una atmósfera de tensión que se respiraba en cada muelle de la ciudad.
El lunes amaneció con un operativo reforzado. La Prefectura Naval Argentina, consciente de que el paso del tiempo reducía las posibilidades de un milagro, amplió el radio de búsqueda. «El río Paraná tiene corrientes subacuáticas muy fuertes, especialmente después de días de inestabilidad climática», explicaron fuentes de la fuerza.
Cerca de la siesta se logró el avistamiento de un cuerpo en la zona de Empedrado. Poco después, se confirmó que se trataba de Sergio Stortti. La distancia entre el lugar del accidente y el punto del hallazgo evidencia la ferocidad del cauce en esa zona. Minutos más tarde, el hallazgo de Melisa Argañaraz en la zona de la Capital completaba el triste cuadro.
Los cuerpos fueron trasladados al Instituto Médico Forense para las pericias de rigor, mientras las familias recibían la contención de los equipos de asistencia psicológica. La causa judicial ahora buscará determinar las responsabilidades técnicas del accidente: si la lancha contaba con los elementos de seguridad necesarios, si hubo sobrecarga y si la advertencia meteorológica fue debidamente considerada antes de zarpar.
La tragedia del banco de arena no es un hecho aislado en las crónicas policiales de la provincia, pero la identidad de las víctimas ha generado una ola de conmoción particular. En Corrientes, el río es parte de la vida cotidiana, y el hecho de que personas jóvenes y queridas por la comunidad pierdan la vida en un accidente náutico refuerza la necesidad de conciencia sobre la seguridad en el agua.
Mientras las autoridades continúan con las investigaciones, el Paraná vuelve a su calma habitual, dejando tras de sí el eco de una tragedia que marcó a fuego el último fin de semana del mes. Para las familias de Melisa y Sergio, comienza ahora el proceso más difícil: el de la despedida final y el reclamo de justicia para que estas muertes no queden simplemente como una estadística más del río. s

