Estados Unidos reclama una Europa fuerte pero subordinada a la visión y liderazgo de Donald Trump



Marco Rubio no es JD Vance ni Donald Trump. Rubio no insulta al hablar y no desvaría. Rubio mantiene un decoro diplomático en público que ya es poco habitual en la Administración Trump. El discurso del jefe de la diplomacia estadounidense este sábado en la Conferencia de Seguridad de Múnich se esperaba con expectativas después de que el año pasado el vicepresidente JD Vance se dedicara a insultar a los dirigentes europeos y a defender a partidos políticos neofascistas.

Pero el guante de seda de Rubio esconde el mismo puño de acero. Su discurso, conciliador en las formas, fue prácticamente igual en el fondo e ideológicamente muy alejado del consenso europeo hasta el punto de que Rubio parece extrañar una suerte de imperialismo occidental que Europa dejó atrás con las guerras mundiales hace casi un siglo.

Rubio empezó conciliando: “No buscamos separarnos, sino revitalizar una vieja amistad y renovar la mayor civilización de la historia humana”. Pero Rubio choca de frente con los europeos. Para ellos, el viejo orden mundial que dan por muerto a su pesar, como hizo el viernes el alemán Friedrich Merz, es un orden mundial de reglas y multilateralismo, el orden mundial de los organismos de Naciones Unidas. Rubio habla de un orden “civilizatorio” compatible por igual con democracias y con dictaduras.

Rubio parece tratar a los europeos como a niños a los que debe devolver al camino de la rectitud. Su mensaje les dice que se equivocan luchando contra la crisis climática y les repite el argumento (falso en los datos) de las extremas derechas de que están permitiendo que se reemplace a la población europea blanca y cristiana por poblaciones árabes y negras de credo musulmán: “La migración masiva no es ni fue algo de escasas consecuencias, ya que está transformando y desestabilizando sociedades en todo Occidente”.

Sin migraciones (y los datos no justifican hablar de masivas porque en Europa no entra al año ni el equivalente al 0,5% de la población europea) Europa ya estaría perdiendo población. “En la búsqueda de un mundo sin fronteras, abrimos nuestras puertas a una ola de migración masiva sin precedentes (en realidad en Europa y en Estados Unidos hubo movimientos migratorios mucho mayores en el siglo XIX y principios del XX) que amenaza la cohesión de nuestras sociedades, la continuidad de nuestra cultura y el futuro de nuestros pueblos”.

La transición energética europea parece molestar especialmente en Washington, a pesar de que son los países que más rápido van en el cambio a las renovables (los escandinavos o España) los que más barata tienen la electricidad, tanto industrial como para las familias. Rubio dijo que “para apaciguar el culto al clima (como si fuera una realidad falsa la crisis climática), nos hemos impuesto políticas energéticas que empobrecen a nuestra gente”.

El discurso de Rubio es más sofisticado que los de Donald Trump y JD Vance, pero es en el fondo el mismo discurso. No es Churchill ni Barack Obama, pero el nivel de los últimos discursos estadounidenses era tal que Rubio parece un estadista. Lo dice de otras formas, pero dice lo mismo: Estados Unidos seguirá apoyando a las extremas derechas europeas y trabajando para debilitar a la Unión Europea, a la que considera origen de todos los males.

Rubio habla de Occidente, pero se refiere a Europa cuando dice que tras las guerras mundiales se fue hacia una “peligrosa ilusión” y hacia “un orden global basado en reglas que reemplazarían al interés nacional y que viviríamos en un mundo sin fronteras, donde todos se convertirían en ciudadanos del mundo. Esta fue una idea absurda”.

Es precisamente la idea en la base de la construcción política de la Unión Europea. Eliminar fronteras, compartir moneda y algunas Fuerzas Armadas, elementos esenciales de soberanía, y compartir ciudadanía para hacer imposible otra guerra europea.

La bronca siguió: “Subcontratamos cada vez más nuestra soberanía a instituciones internacionales, mientras muchas naciones invirtieron en enormes estados de bienestar a costa de su capacidad de defensa”.

El mensaje es: Europa debe ser nuestra aliada, pero según los términos que dicte el presidente Trump. Estados Unidos seguirá comprometido con la OTAN, pero según cómo dicte el presidente Trump. Los intereses e ideas de los europeos no tienen ninguna importancia en la nueva relación que propone Rubio en Múnich. El secretario de Estado fue cristalino al explicarlo: “Con el presidente Trump, Estados Unidos asumirá una vez más la tarea de renovación y restauración, y aunque estamos preparados, si es necesario, para hacerlo solos, es nuestra preferencia y es nuestra esperanza hacerlo con ustedes, nuestros amigos aquí en Europa”.

Por primera vez en un siglo, una Administración estadounidense no dice que le une a Europa la defensa de los valores liberales de la democracia y los derechos humanos, sino “una historia compartida, fue cristiana, cultura, herencia, idioma, ascendencia y los sacrificios que nuestros antepasados hicieron juntos por la civilización común de la que hemos heredado”.

Europa debe ser nuestra aliada, repite Rubio, pero deja claro que lo será al dictado de Donald Trump, no como una relación entre iguales.

Rubio cerró criticando a quienes criticaron por ilegal la intervención en Venezuela porque violaba la legalidad internacional: “Esta es la vía en la que el presidente Trump y Estados Unidos se han embarcado. Es la vía a la que pedimos que los europeos se unan”. Vasallos, no aliados.

Deja una respuesta