Héctor Tejero (Madrid, 1981) es el director del Observatorio de Salud y Cambio Climático del Ministerio de Sanidad y conoce el terreno que pisa porque ha dedicado gran parte de su vida al ecologismo. Admite que los actuales son “tiempos oscuros”, y no sólo por las guerras y sus enormes impactos. En un momento de la historia en el que la contaminación del aire causa 30.000 muertes al año sólo en España, los combustibles fósiles suponen un riesgo claro para la salud de la humanidad.
“El uso de combustibles fósiles enferma y mata”, afirma en una entrevista a EFE Salud celebrada en el Ministerio. La contaminación del aire derivada de la quema de dichos combustibles es “la principal causa de mortalidad y enfermedades asociada a la salud ambiental”, prosigue.
Urge iniciar la transición del modelo energético, por tanto, pero de modo “gradual y justo”, porque este viaje no se puede hacer “de la noche a la mañana”. Como primer paso, y urgente, la apuesta por las energías renovables por cuanto son “la mejor herramienta” de la que dispone España.
“Los paneles solares y los aerogeneradores son infraestructuras de salud pública a día de hoy. No sólo es que reduzcan el precio de la energía, no sólo es que nos limiten nuestra dependencia de oligarcas y tiranos, y de estas situaciones que estamos viendo ahora como con la guerra; es que es una de las mejores herramientas para reducir este impacto de la contaminación ambiental”, explica.
Acto seguido emplea otras palabras para enfatizar el mensaje: “Los paneles solares y los aerogeneradores salvan vidas”.
Y no acaba aquí: “Tenemos que avanzar hacia electrificarlo todo”, desde formas de transporte a sistemas de calentamiento de los hogares.
Favorecer “ciudades saludables”
Desanima repasar la actualidad informativa en el mundo, también en el plano medioambiental. Señala Tejero que durante los últimos años se había avanzado mucho en la concepción de la crisis climática como una crisis de salud pública.
“Pero –matiza acto seguido–, es verdad que con el giro de la administración Trump y con el de algunos otros gobiernos estamos en un momento muy crítico. Si hay determinados regímenes autoritarios, o, digamos, negacionistas, que siguen creando combustibles fósiles, nos enfrentaremos a escenarios mucho peores”, remarca.
Conviene lanzar optimismo y reafirmar esto, a su juicio: “Que aunque vivimos momentos oscuros, creo que podemos seguir avanzando. Tenemos una verdadera revolución tecnológica en las renovables y en la electrificación”.

Porque no hay que dejar de lado, dice, que “el cambio climático es la principal amenaza para la salud en el siglo XXI”.
En las ciudades se acusa especialmente el agravamiento de la crisis climática, y por tanto, la mayor intensidad y frecuencia de los accidentes meteorológicos. España no es ajena. Danas, olas de calor más largas y pesadas… “En España, el 80 % de la población vive en las ciudades”, recuerda Tejero.
Así que en las ciudades es en donde más se padecen “la contaminación y las emisiones” y en donde “más se sufren el calor y los desastres climáticos”, apunta antes de plantear: “Sabemos que los incendios son terribles, pero cuando verdaderamente hay preocupación es cuando se produce un incendio cerca de una ciudad o una inundación cerca de una zona muy urbanizada”.
Por ello, el director del Observatorio de Salud y Cambio Climático defiende un urbanismo saludable. Ciudades saludables. Que las decisiones de planificación de vivienda, por ejemplo, tengan en cuenta dos prioridades: el clima y la salud.
España, “un problema de olas de calor”
Recientemente, EFE Salud se hizo eco de un informe de la organización ISGlobal que constata que en aquellas regiones con más altas tasas de pobreza y con menores grados de implantación de energías renovables aumenta el riesgo de mortalidad por contaminación del aire.
Que el cambio climático impacta con mayor crudeza en las zonas o capas sociales con rentas más bajas es sabido. La renta es un factor clave que modula los efectos del cambio climático en la salud. Y también la edad, como apunta el cargo del Ministerio de Sanidad.
Caso práctico ante una ola de calor extremo: “Si tú tienes una casa – dice Tejero – y tienes aire acondicionado, puedes tener como problemas que no salgas de casa y que te aburras, o sedentarismo o soledad, pero vas a tener muchos menos riesgos que si vives en una casa donde no te puedes permitir el aire acondicionado”.

Extrapolable a los barrios: “Suele ocurrir que las zonas de menos renta (en una ciudad) son barrios en los que hay más coches, menos zonas verdes y los edificios son más viejos”. La capacidad de adaptación mengua. Se reduce la capacidad de resistir esa hipotética ola de calor extremo.
Tejero aboga por orientar las políticas públicas a que «las zonas verdes se hagan de forma justa y lleguen a todo el mundo”, a “incentivar la renovación de las casas”, a ayudar “a quien lo necesite a tener un aparato de refrigeración en su casa, que puede ser un aire acondicionado o un ventilador”.
“Las medidas de adaptación tienen que llegar a quién lo necesite, que en el caso del cambio climático son personas mayores, personas con baja renta y personas enfermas o con otro tipo de vulnerabilidades o discapacidades”, zanja.
«Tenemos un aumento del número de ingresos hospitalarios asociados a picos de alta temperatura»
Porque en España, además, se está concretando el cambio climático en “un problema de olas de calor”, en palabras de Tejero, quien recalca que el nuestro es «el país más vulnerable a la Unión Europea”.
“En general, lo que tenemos es un aumento del número de ingresos hospitalarios asociados a picos de alta temperatura, y luego un aumento de la mortalidad fundamentalmente de personas más vulnerables, personas mayores, personas de baja renta y gente que tenga enfermedades crónicas o determinadas patologías”, indica.
La desinformación sobre catástrofes «cuesta vidas»
El Observatorio de Salud y Cambio Climático se encarga de revisar las políticas públicas para que tengan en cuenta los efectos del cambio climático, y por consiguiente, para que las administraciones a escalas general, autonómica y municipal estén coordinadas hacia ese fin.
También, como explica Tejero, busca mejorar la comunicación a la ciudadanía y asesorar a las administraciones a las que afecte un accidente climático. Aquí el adversario es la desinformación, sobre lo que señala el experto que en España no hay «un problema grave de negacionismo”.
Sin embargo, “en determinados momentos puntuales, en especial durante grandes eventos climáticos o catástrofes”, apunta Tejero, “hay algunos actores políticos y otros, digamos, mediáticos, interesados en generar desinformación por intereses que pueden ser comerciales, políticos o de llamada de atención en redes”.
“Combatir la desinformación”, en palabras del director del Observatorio, es un objetivo crucial del organismo, porque “generar esa desinformación mata; cuesta vidas, literalmente”. Pone el acento en “generar narrativas” que fomenten “confianza e información clara y basada en evidencia científica”.
Prescribir medicamentos desde criterios medioambientales
Objetivo del Observatorio (y del Ministerio), además, las relaciones con el sector farmacéutico desde una mirada medioambiental.
“Nuestro proyecto es conseguir que el Sistema Nacional de Salud, en su conjunto, sea lo más sostenible posible” sin perder de vista que es “un sector que genera mucho bienestar y que está centrado en la vida de la gente”, resume Tejero.
¿Pasos concretos? “Incluir por primera vez, y yo diría que en Europa, criterios ambientales en la nueva ley del fármaco que está en proceso legislativo”.
El Ministerio de Sanidad está dialogado con el sector al respecto y Tejero cree que “hay margen para llegar a acuerdos” sobre esta transición hacia un modelo más sostenible “a medio plazo”.

Los territorios en los que están hablando las partes son, entre otros, la reducción de emisiones y la reducción del impacto de los fármacos después de su uso.
No es sencillo, asegura, porque el sector está muy regulado, pero hay elementos que soplan a favor, como la necesidad de conseguir autonomía estratégica y no depender de terceros países en los que “se producen muchos principios activos” o ejercen función indispensable en las cadenas de suministro.
Y se dialoga respecto a que “las decisiones ambientales siempre se puedan tener en cuenta en las decisiones de precio y financiación”.
«Nuestro proyecto es conseguir que el Sistema Nacional de Salud, en su conjunto, sea lo más sostenible posible»
Ahora bien, un mensaje en el que Tejero hace hincapié: “Lo que la ley pretende es que si yo tengo un fármaco que cura una enfermedad, pero contamina mucho, ese fármaco se tiene que usar. Punto. Es lo primero”.
“Pero – continúa –, si yo tengo tres fármacos distintos, cada uno más o menos con el mismo efecto, pero uno es más sostenible que otro, debemos desde el Sistema Nacional de Salud, en nuestra opinión, incentivar el uso del más sostenible. O si tienes el mismo fármaco fabricado por tres casas distintas, se tiene que incentivar el de la farmacéutica que haya hecho más esfuerzos por la producción sostenible de ese fármaco”.

