El gobierno, jaqueado en la opinión pública por el affaire Adorni


En la Casa Rosada tienen números que no sirven para mitigar la preocupación de Manuel Adorni desde que volvió de Nueva York. Una prestigiosa encuestadora advirtió que tampoco alcanza la estrategia de reivindicar todo el tiempo la reducción de la inflación y llevarla a una meseta del 3%, sin poder bajarla desde hace siete meses. Los hechos de corrupción aparecen como la principal preocupación de un amplio universo de consultados, donde la mayoría pertenece a la franja de votantes jóvenes de La Libertad Avanza. La lista sigue con el sistema político como segundo destinatario de las preocupaciones, el endeudamiento del país en tercer lugar y el desempleo como cuarta prioridad irresuelta. En ese mapa de calor, las sospechas de corrupción llegan al 40% de los consultados y se combinan con otro dato que resuena con temor en distintos despachos oficiales: el desempleo y la inflación crecen como inquietud con una velocidad directamente proporcional a la evolución de la crisis, el cierre de puestos de empleo y las dificultades para llegar a fin de mes. Lo curioso es que esas variables empeoran desde el año pasado. Lo hacen con una velocidad directamente proporcional al microclima de optimismo que se respira en el entorno presidencial después de la victoria libertaria en las elecciones del año pasado.

La “Argentina week”, que pasó a llamarse la “Adorni Week”, empañó la estrategia prevista por el gobierno para continuar con la sobreventa del modelo libertario en el exterior. El jefe de Gabinete hasta ahora no explicó lo que hizo, pero buscó corregir lo que dijo, especialmente cuando confirmó que había decidido subir a su esposa al vuelo presidencial porque iba a “deslomarse” cinco días en La Gran Manzana. El ministro coordinador, que integra el núcleo más cercano de poder del presidente, rompió la narrativa del gobierno con su vehemencia habitual. No es fácil para un gobierno tener al mismo vocero durante dos años y meses. Adorni es jefe de Gabinete, pero sigue como vocero, a cargo de la comunicación oficial. Con su decisión rompió uno de los espejos más preciados de Milei con un error autoinflingido. El problema es que sucedió cuando la interna libertaria sigue en ebullición y en un momento comunicacional muy delicado. El presidente no logra construir una agenda positiva y sigue reivindicando la motosierra, pero transita el peor momento desde que llegó a la Casa Rosada en materia de imagen y apoyo. Los números provienen de datos que consumen los observadores más influyentes del oficialismo. Son los mismos protagonistas que saben el alto costo que tendrán que afrontar cuando salgan a defender al ministro coordinador a partir de la semana que viene. “Entregar a Adorni es entregar a Karina y eso no sucederá”, vaticinó una fuente que conoce los crujidos internos de La Libertad Avanza en el tercer año de la presidencia libertaria. La mayor dificultad es la desconfianza, porque en las entrañas karinismo están seguros de que el dato salió de adentro del gobierno y por eso cada sector interno está obligado a bancar al ministro coordinador para evitar algo peor. El mayor apuntado, dentro de la larga interna que surca al Ejecutivo, es el asesor presidencial Santiago Caputo. Por eso no tuvo margen para hacer otra cosa que bancar a Adorni, aunque la lista de quienes celebran la crisis es larga e incluye a una extensa lista de malheridos del propio ministro coordinador.

En un año no electoral, se consume el capital político acumulado en las elecciones, pero la crisis que originó Adorni tiene una doble densidad por el disparo en el pie y por la dureza de la agenda que instaló y que ahora no puede defender. Cada vez que hable la sombra del escándalo volverá a aparecer como una costra que no cicatriza. El gobierno por ahora no sabe como cauterizar la herida. Por eso la urgencia para dar una vuelta de página. La comunicación libertaria se trizó en uno de sus pilares y en boca de uno de sus mayores arquitectos. Por eso Adorni es Karina y también Javier.



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