El calvario de un menor que fue víctima de la explotación laboral

Tenía 15 años cuando lo trasladaron engañado desde el interior de Jujuy hasta Chavarría, donde lo sometie­ron a trabajo esclavo.

Una convocatoria en una radio de un pequeño po­blado de la provincia de Ju­juy creaba expectativas de un trabajo rentable, pero a cientos de kilómetros. La propuesta prometía un sa­lario digno, transporte gra­tuito hacia el sitio de traba­jo y días libres. Nada de eso era cierto. Una de las vícti­mas de explotación laboral tenía 15 años cuando fue trasladado desde Abra Pam­pa, provincia de Jujuy, hasta la localidad correntina de Cecilio Echavarría.

Lo había captado un gru­po de personas que serían de nacionalidad boliviana, en la primera semana de agosto de 2014. Debido a la necesidad de ingresos eco­nómicos, su madre lo dejó partir y los extraños lo tras­ladaron en una camioneta, un viaje de 19 horas que fi­nalizó en una quinta donde se cultivaban tomates, pi­mientos y zapallitos.

En ese lugar habría sido alojado en una casa preca­ria de madera y techo de nailon, junto a otros hom­bres. “El muchacho no sabía dónde se encontraba tra­bajando, deseaba regresar a su casa, pero aún no había recibido ningún pago por el trabajo que desempeñaba de lunes a sábado y domin­gos por la mañana”.

Una tarde escapó del lu­gar y contó su situación a un vecino, y este denunció el caso llamando al teléfono 145. Ya había pasado un mes de su llegada a Corrientes. Y si bien tenía un teléfono celular con el que se comu­nicaba con su madre, no tenía medios para regresar a su provincia y su proge­nitora desconocía dónde se encontraba el menor, lo que también denunció ante las autoridades de su provincia. La Gendarmería inició una investigación y constató la existencia de esa quinta y se pudo encontrar al joven, quien ratificó todo lo que constaba en la denuncia.

Los gendarmes notifi­caron a la arrendataria, de apellido Maraz, que la si­tuación en la que estaba ese joven era irregular.

El 29 de septiembre, el menor se comunicó tele­fónicamente con el jefe de la investigación e informó que tras la visita oficial a la quinta recibió una paliza. Este fue el hecho que derivó en un allanamiento al lugar en el que los gendarmes, con una orden judicial, res­cataron al menor y a otras víctimas, oriundas de Jujuy y de Bolivia.

Pero en septiembre de 2017 la arrendataria del lu­gar fue arrestada.

El Tribunal Oral Federal de la ciudad de Corrientes aceptó su solicitud de par­ticipar de un juicio abrevia­do, en el que acordó la pena de tres años de detención. La causa continúa debido a que se trata de identificar a otros involucrados.s

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