Cartel conmemorativo del Día Mundial de Concienciación de las Autolesiones. /Imagen cedida por la Sociedad de Psicología de Madrid.
El 21, 7 % de los adolescentes españoles afirma haber sufrido autolesiones al menos una vez en la vida, tal y como señala la Sociedad Madrileña de Psicología Clínica (SMPC).
La autolesión, también conocida como autolesión no suicida, se define como la destrucción directa y
deliberada de la propia superficie corporal sin intención letal.
El 1 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Concienciación sobre la Autolesión, que profundiza en la gravedad de este fenómeno social.
Un problema que afecta a edades tempranas
El comportamiento autolesivo, que se inicia en la adolescencia temprana, entre los 12 y los 16 años, alcanza su pico de prevalencia y gravedad entre los 20 y 29 años.
Las autolesiones repetidas afectan entre el 1 y el 4 % de la población general, cuyo riesgo suicida se triplica.
“Aunque hace años se consideraba un problema asociado a trastornos mentales graves, como el Trastorno Límite de la Personalidad, hoy está mucho más generalizado, puede verse asociado a otros trastornos, pero también en adolescentes y jóvenes que no tienen ningún diagnóstico”, afirma Irene de la Vega, Psicóloga Clínica en la Sanidad Pública. Doctora por la UCM, vocal de la Sociedad Madrileña de Psicología Clínica.
Problemas emocionales
Las personas que se autolesionan suelen hacerlo en respuesta a emociones desagradables como tensión, ansiedad, culpa o ira o para resolver una dificultad interpersonal. Otras veces se hace como forma de autocastigo.
“Es un comportamiento que, una vez que se inicia, suele ir a más tanto en frecuencia, como en gravedad. En ese sentido se observa un patrón similar al del consumo de sustancias, la persona puede llegar a sentir que lo necesita. Por eso es importante detectarlo a tiempo y entender qué está pasando”, afirma De la Vega.
Los adolescentes que se autolesionan muestran dificultades de regulación emocional, peor rendimiento académico y problemas sociales. Muchos de ellos pueden acabar en un trastorno mental con el tiempo, y el riesgo suicida es tres veces mayor, según datos de la Sociedad Madrileña de Psicología Clínica.
El acoso escolar es un antecedente común pero no es la única causa.
“Lo cierto es que es un fenómeno multicausal y con muchas caras, por eso requiere que prestemos más atención, tanto desde el sistema sanitario como desde la sociedad”, puntualiza Juan Antequera, psicólogo clínico y vicepresidente de la SMPC.
Redes sociales
El aprendizaje social, la imitación, tiene una influencia en el comportamiento autolesivo, al menos en su inicio.
“Un aspecto importante que tenemos que pensar es cómo regular y controlar la información sobre autolesiones disponible en internet, en los medios de comunicación y en las redes sociales”, refiere la psicóloga.
Aunque en las redes sociales los adolescentes pueden encontrar apoyo y sentirse menos solos, la exposición a ese contenido, sobre todo si es explícito, puede hacer que se normalice.
“Muchas de las páginas de información, de hecho, contienen imágenes de autolesiones, algo que debería evitarse por completo cuando hablamos de prevención”, señala esta experta.
Abordaje de las autolesiones
La Sociedad Madrileña de Psicología Clínica demanda que se traten las autolesiones como un problema de salud público y propone como solución:
- Creación de comisiones y grupos de expertos para estudiar el fenómeno
- Información fiable y de calidad
- Formación adecuada para que los agentes sociales, padres, profesores, profesionales de atención primaria y otros adolescentes puedan detectarlo, prevenirlo y ayudar.
“Es importante que los padres traten de entenderlo y no juzgarlo, pero que no lo ignoren, lo atribuyan a una etapa o a un desafío, es un problema grave que merece consideración” afirma Lorena Morago, psicóloga especialista en psicología clínica de la infancia y adolescencia y vocal de la SMPC.
Además del apoyo familiar, la psicóloga recomienda la terapia para ayudar a analizar y entender el comportamiento así como evaluar y detectar otros posibles trastornos mentales como adicciones o trastornos de alimentación o de la personalidad, para así buscar estrategias más eficaces de regulación.