Alarmado por la “creciente erosión de la práctica religiosa”, el Papa acogió a los sacerdotes de su diócesis romana y los exhortó a colaborar con su obra de “mirar el signo de los tiempos, interceptando los cambios para relanzar el anuncio del Evangelio más allá del cansancio de la vida sacerdotal” y el “peso de la rutina”.
Concluido el Año Santo de 2025, el pontífice parece haber puesto en el centro de su acción el reforzamiento de la vida religiosa, y particularmente la acción sacerdotal.
León XIV dijo que hay muchos que se alejan de la fe. “Y además están los jóvenes, frágiles, lejanos a la Iglesia, desorientados y con un malestar que en los casos extremos termina en violencia”.
“Es en esta oscuridad que el fuego de la llamada y su luz son curativos, horizontes de esperanza”. El pontífice ofrece una reflexión atenta al clero de la diócesis, de la cual es obispo, que recibió a sus sacerdotes en el Aula Magna Pablo VI.
El papa recibió a los curas romanos expresando su “gran alegría” por encontrarlos y explicó en broma que, aunque se está al comienzo de la Cuaresma, “no se trata de un acto de penitencia”.
Su prolongado discurso fue el de “un pastor según el corazón de Dios”, que es la recomendación que ofrece a los muchos sacerdotes que lo escuchaban. Dijo que ante todo “es urgente volver a anunciar el Evangelio. Esta es la prioridad. Con humildad, pero también sin dejarse descorazonar, debemos reconocer que una parte de nuestra gente bautizada no experimenta su propia pertenencia a la Iglesia”.
El papa León XIV advirtió la necesidad de vigilar también “una sacramentalización sin otras formas de evangelización”. Destacó que “como todas las grandes aglomeraciones humanas, la ciudad de Roma está signada por la permanente movilidad de un nuevo modo de habitar el territorio y vivir el tiempo, de tejidos relacionales y de familiaridad, siempre con más pluralidad y a veces deshilachados”.
Frente a este cuadro, el papa propuso a los sacerdotes de la diócesis romana un cambio de paso: “Encontrar vías y modos que ayuden a las personas a entrar nuevamente en contacto con la promesa de Jesús”.
Afirmó que un cambio de paso encontrará “vías y modos que ayuden a las personas a entrar nuevamente en contacto con la promesa de Jesús”. Dijo que es necesario “revisar la iniciación cristiana, experimentar otras modalidades de transmisión de la fe, incluso para buscar la manera de involucrar de un modo nuevo a los jóvenes y a las familias”.
El papa León XIV destacó la “necesidad de una inversión de marcha” en la relación entre la iniciación cristiana y la evangelización y expresó gratitud por el trabajo que se cumple a diario en las parroquias. Pero expresó una crítica a “un modelo clásico que se preocupa de administrar los sacramentos y que presupone la transmisión de la fe en familia o en el ambiente en que se vive”.
“En realidad los cambios culturales y antropológicos de los últimos decenios demuestran que no es más así; asistimos a una creciente erosión de la práctica religiosa”.
El papa lanzó varios llamados a acoger y escuchar, reavivar “el don de Dios” y una mayor coordinación en el “camino a recorrer juntos, en comunión”.
A los jóvenes pidió que “no se cierren”. El pensamiento del obispo de Roma fue hacia los sacerdotes jóvenes, que con frecuencia “experimentan en su propia piel las fatigas de su generación y de nuestra época”.
A ellos los invitó a “no cerrarse jamás en ustedes mismos, no tener miedo a confrontarse pese a sus propias crisis, especialmente con los hermanos que consideren que pueden ayudarlos”.

