Elecciones en Brasil: el Amazonas, el gran ausente en las campañas



Brasilia. Enviado especial. Aunque los datos oficiales de deforestación bajaron drásticamente alcanzando mínimos históricos los últimos años, el tema ambiental no solo estuvo fuera de la agenda de las campañas, sino que ambos líderes tienen planteos contradictorios sobre este espacio. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha propuesto la exploración de petróleo en la llamada Margen Ecuatorial, frente a la desembocadura del Amazonas lo que espantó a los ambientalistas.

Su rival, siguiendo la línea política de su padre, el ex presidente Jair Bolsonaro que autorizó una histórica deforestación del espacio, propone eliminar todos los obstáculos regulatorios ambientales que considera meramente «ideológicos». Aunque esta cuestión no fue debatida durante la campaña, al observar el voto en la primera vuelta se advierte su influencia. Los municipios amazónicos más volcados a la agroindustria intensiva (ganadería y soja) y a la minería votaron masivamente por el bolsonarismo, mientras que las zonas con mayor preservación forestal respaldaron a Lula.

Hay trasfondos por esas decisiones. Es un hecho que bajo la administración de Lula se desarticularon redes de tala ilegal y se fortalecieron los órganos de fiscalización (como el Ibama), lo que redujo drásticamente la deforestación respecto a los años anteriores. Pero por otro lado, la política energética del actual gobierno petista ha sido muy criticada por los ambientalistas.

Lula ha defendido firmemente e impulsado la exploración petrolera en la desembocadura del río Amazonas, específicamente en la Cuenca de la Foz del Amazonas, frente a la costa del estado de Amapá, remarcando que los ingresos de ese negocio son necesarios para el desarrollo económico del país.

Los ecologistas advierten sobre el peligro de catástrofes en la biomasa marino-fluvial de la región y el impacto entre los pobladores aborígenes que dependen de la naturaleza. Un derrame destruiría la pesca. Las estimaciones oficiales del gobierno brasileño y de la Agencia Nacional de Petróleo calculan que toda la región podría albergar un potencial de entre 30.000 y más de 41.000 millones de barriles de petróleo.

Por su parte, la plataforma de Bolsonaro no acepta discusiones y defiende abiertamente flexibilizar las normativas de protección ambiental, frenar la demarcación de nuevas tierras indígenas e impulsar procesos masivos de regularización de terrenos en la Amazonía para facilitar las actividades del sector agropecuario, tanto la ganadería como la siembra, especialmente la soja.

Su discurso apunta a dar autonomía de uso a los propietarios privados sobre sus tierras dentro del bioma amazónico, prometiendo acabar con las multas y trabas de los organismos de control. “Respetaremos la propiedad privada. Podrán sembrar, criar ganado, hacer lo que quieran en sus tierras, y todo lo que extraigan de ellas les pertenecerá”.

En línea con el actual gobierno estadounidense y sus aliados regionales, ha expresado un agudo escepticismo sobre el cambio climático restando importancia a los pactos de conservación globales. En este sentido propone legalizar a los feudos en zonas clave como el estado de Pará, retomando la bandera histórica de su padre para integrar más tierras amazónicas a la producción.

El plan incluye avanzar en zonas que actualmente se encuentran bajo estricta protección ecológica y en territorios indígenas. Estas posturas han generado alertas y preocupación entre científicos y foros internacionales debido al posible impacto que una flexibilización de este tipo tendría sobre la deforestación y el futuro de la selva amazónica frente al cambio climático. Brasil alberga aproximadamente entre el 60% y el 63% de la superficie total de la selva amazónica.

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