Estudiar entre escombros: el drama de una escuela porteña que dicta clases en medio de una obra abandonada


Entre las maestras se turnan para poder usar los proyectores porque no pueden conectarlos al mismo tiempo. En verano, las aulas del piso de arriba se transforman en una caldera y es imposible instalar aires acondicionados porque colapsa el servicio eléctrico.

“Mi hijo tiene discapacidad motriz y los reclamos de accesibilidad edilicia comenzaron en el jardín”, contó a Tiempo Marcela, mamá de Vicente que asiste al cuarto grado de la Escuela N° 9 D.E. 18 «Provincia de Misiones» del barrio de Monte Castro, una primaria de jornada completa con intensificación en idioma y con más de 400 alumnos.

Las familias llevaban años exigiendo reformas urgentes en la escuela. Por un lado, las mejoras de accesibilidad para los alumnos con discapacidad; por el otro, la renovación total del tendido eléctrico, que colapsa al enchufar algunos artefactos a la vez.

Si bien las obras fueron adjudicadas en agosto de 2025, recién iniciaron en octubre pasado y en febrero de este año comenzaron los inconvenientes. Tal es así que en el jardín corría peligro el inicio del ciclo lectivo. En julio las obras se paralizaron y, desde entonces, las maestras dictan clases entre obradores, tendido eléctrico sin terminar, escombros y el polvo de los materiales. Esto provocó que muchos chicos estén con broncoespasmos.

“Entre otras cosas donde solicitamos que las aulas tuvieran en el piso goma eva, barrales y que los baños estuvieran cerca. Para que estas obras iniciaran hicimos un reclamo judicial con la fundación Acceso Ya, y la justicia dio fallo a favor para que la escuela fuera accesible, ahora todo está totalmente frenado, lo que implica que una obra que iba a ser por accesibilidad hoy en día implique que Vicente ni siquiera tenga un baño en planta baja. Así que ya no es una cuestión de accesibilidad, sino de derechos para poder estar en la escuela”, agregó Marcela.

En mayo, la familias comenzaron con una juntada de firmas porque las obras no avanzaban y, al igual que al inicio del ciclo lectivo, hubo complicaciones para el comienzo de clases tras el receso invernal. Hay pocos baños habilitados y los chicos se turnan para poder hacer sus necesidades. Hay espacios recreativos anulados y llenos de polvo.

Estudiar entre escombros: el drama de una escuela porteña que dicta clases en medio de una obra abandonada

«Sentimos que nos abandonaron. Esta escuela que tiene 100 años, necesita que se hagan estas obras para asegurar lo mínimo, para poder enchufar ventiladores y no tener que estar pensando si se prende fuego. Da tristeza saber que nuestros  hijos pasan 9 horas todos los días en estas condiciones«, señaló a este medio Soledad, mamá de una nena que actualmente cursa segundo grado, pero que es parte de la comunidad educativa desde sala de 3 del jardín.

«Veíamos un montón de problemas, pero cuando mi hija pasó a la primaria empezó lo peor», expresó Soledad. «Todos los días nos contaba lo difícil que era estar en el comedor por el ruido y los griteríos. Eso le generaba malestar, dolor de panza y de oídos. Tener que alzar la voz todo el tiempo hacía que perdiera las ganas de continuar con la jornada». Además, la madre relató que su hija tuvo que realizar un tratamiento fonoaudiológico tras sufrir un principio de disfonía, provocado por la necesidad de elevar la voz en medio del ruido de la obra escolar.

La voz de los chicos

Jazmín tiene 7 años y cursa el segundo grado. Le pidió a su mamá poder contar algunas de las cosas que atraviesa todos los días desde hace un año en medio de las obras, y cómo es tener clases entre la mugre y el polvo de los materiales.

Al consultarle sobre qué es lo que más le molesta de la escuela respondió: “el comedor y los baños. El comedor porque hay mucho ruido y los baños porque algunos tienen que hacer cola para entrar y también las puertas a veces se traban o se abren. Entonces eso tampoco me gusta. Y otra cosa del comedor que no me gusta es que siento como que estamos muy encerrados. También en el aula porque no podemos abrir las cortinas”.

Jazmín contó que hace un montón que no van a los talleres y que ahora los profesores tienen que ir a las aulas, pero que el resto de las actividades no las pueden hacer porque “hay lugares que están cerrados  y tienen mucho polvo y muchos estornudamos”.

También contó que las ratas caminan por el patio y que “iban corriendo, a veces en las baldosas del patio, están arriba y no nos dejan pasar por ese lugar cuando necesitamos”.



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