La seguridad pública en la provincia de Corrientes atraviesa un momento de transición que demanda un análisis exhaustivo y prudente. Al observar las cifras frías del sistema de registro criminal, surge un fenómeno que, a primera vista, podría interpretarse como una caída estrepitosa en la cantidad de homicidios dolosos a nivel provincial.
Sin embargo, detrás de la reducción de los 41 hechos registrados en el año 2024 frente a los 17 reportados en 2025, se esconde una realidad criminal que, aunque parece mutar, mantiene raíces profundas en la conflictividad vecinal y convivencial tanto en ámbitos urbanos como rurales, dado que son los que persisten más allá de la considerable disminución que tiene que ver con una caída drástica de casos de violencia armada entre civiles, que en 2024 tuvieron un pico histórico principalmente en Capital y desde que se cuenta con registros sistematizados (desde 2015 en adelante).
La disminución numérica es un hecho fáctico que se ha registrado en años anteriores, por lo que sigue un patrón habitual: luego de un año significativamente sangriento viene uno donde disminuye; así fue en 2015 y 2016, donde se pasó de 56 homicidios a 28, una disminución del 50% semejante a la del binomio 2024-2025 que llegó a un 56% de merma. También ocurrió en 2021-2022, donde el primero registró 51 y el segundo 30 casos.
Al desglosar los motivos que conducen a un desenlace fatal en las calles y hogares correntinos, emerge una constante que trasciende los calendarios: la discusión espontánea. Tanto en el ciclo 2024 como en el 2025 el enfrentamiento verbal que escala hacia la agresión física letal se posiciona como el motor principal de la violencia. Durante el primer año analizado, este factor representó casi el 44% de las muertes, mientras que en el año siguiente, a pesar de la reducción de casos, la proporción se mantuvo en 40%.
Esta persistencia de la discusión como detonante principal revela un tejido social donde la resolución de conflictos mediante el uso de la fuerza sigue siendo la norma predominante. No estamos necesariamente ante una criminalidad organizada o planificada en su mayoría, sino ante una violencia reactiva, muchas veces vinculada al consumo de sustancias o a disputas vecinales y familiares que terminan de forma trágica. La mínima variación porcentual en este rubro indica que, independientemente de la cantidad de casos, el perfil del homicida correntino sigue estando ligado a la impulsividad en contextos de cercanía.
El análisis del arma utilizada para quitar la vida ofrece otra perspectiva sobre la realidad delictiva de la provincia. En 2024, el arma de fuego fue la protagonista indiscutida, presente en más del 41% de los homicidios. No obstante, para el año 2025 cae en las estadísticas de manera dramática a apenas un 11%. En contraste, el uso de armas blancas mantiene una estabilidad notable, rondando el 30% en ambos períodos.
Este fenómeno refuerza la teoría de la violencia de oportunidad. El uso constante del cuchillo o elementos punzocortantes está directamente relacionado con las discusiones espontáneas mencionadas anteriormente; son armas que se encuentran al alcance de la mano en el ámbito doméstico o en entornos rurales y semiurbanos,
BAJA EN CAPITAL
. En el caso particular de la ciudad de Corrientes, la disminución fue del 58%, apenas por encima del porcentaje a nivel provincial. Esto da cuenta de la gran incidencia de la jurisdicción de este tipo de hechos. Capital pasó de 19 sobre 41 casos (46%) y 7 sobre 17 (41%). En 2024, el 63% de los asesinatos se cometieron con arma de fuego mientras que en 2025 cayó al 28%.

