En el norte de la provincia de Córdoba, el Valle de Punilla está recuperando el color. Durante el 2024, según los datos de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), las hectáreas incendiadas en la provincia fueron 76.921, siendo las localidades de San Esteban, Los Cocos y Capilla del Monte las más afectadas, con un total de 42.030 hectáreas quemadas.
En Córdoba solo queda un 4% de ambiente de bosque nativo en buen estado de conservación. Las causas de los incendios forestales son un círculo que abarca desde el negocio inmobiliario, la ganadería, los basurales a cielo abierto, los negocios extractivistas, hasta un cableado eléctrico en mal estado.
Durante el 2024, a estos factores se sumó el mal uso de la herramienta de contra fuegos por parte del el Equipo Técnico de Acción ante Catástrofes de Córdoba (ETAC). Sin embargo, la utilización de esta técnica -frenar el fuego con un frente de otro fuego-, en condiciones climáticas adversas, más de 30°grados de temperatura, viento a más de 30 km por hora, o menos de 30% de humedad, favorece la propagación de un incendio.
En casi todas las razones que inciden en los incendios forestales, la necesidad del desmonte -incluso en muchas zonas protegidas por la Ley Provincial 9.814 de Ordenamiento Territorial de Bosque Nativo– es un factor común que se hilvana en el entramado del modelo capitalista que avanza sin dar tregua a la vida. En otras, la idea de ganar más a costa de precarizar todo lo posible.
Según los datos sobre incendios recopilados por el grupo de investigación del Instituto Gulich, dependiente de la Universidad Nacional de Córdoba y la CONAE, a comienzos del siglo XX, Córdoba poseía 12 millones de hectáreas de bosques nativos originales. “Para 2012 quedaban sólo 594 mil hectáreas, que ascienden a casi dos millones si se contemplan otros tipos de vegetación”, explican desde Uniciencia Y como dato histórico, entre los años 1998 y 2002, Córdoba alcanzó niveles de deforestación comparable con los máximos mundiales: “mientras que entre 2002 y 2006, esos índices se ubicaron entre los más altos de Argentina”.
En la cronología de los incendios, entre 1998 y el año 2005, describe Montenegro, el total sumado de área quemada superó las 2.200.000 hectáreas. La segunda cifra más alta fue en el año 2020, con 320 mil, pero con una pérdida de monte progresivo, ante el cambio en los usos del suelo y del paisaje, como consecuencia del avance de loteos inmobiliarios y el agronegocio.
En 1987 había alrededor de tres millones de hectáreas de monte nativo, para el 2020 menos de seiscientas mil. Entre el año 2010 y el 2024 se perdieron un total de 800.000 hectáreas. “¿Cómo puede esperarse que los ambientes nativos de sierras y llanuras se recuperen, si continúan los incendios y los desmontes?, ya no queda margen”, asegura Raúl Montenegro Karlic, un biólogo ambientalista y activista argentino.
En el 2024 la pérdida de hectáreas en la provincia cordobesa fue menor, pero la tierra acumula el daño y la lenta reparación de los fuegos anteriores. Esta recuperación sucede naturalmente, en un proceso que se denomina sucesión ecológica secundaria. Sin embargo, “cuando al ecosistema se lo somete a nuevos disturbios o presiones (sobrepastoreo, fuego, topadora, motoguadaña, extracciones, presencia de especies exóticas invasoras, apertura de caminos, loteos, minería), en vez de regenerarse, comienza a degradarse”, explica Natalia de Luca, Ingeniera Forestal, integrante de la mesa técnica de la Coordinadora en Defensa del Bosque Nativo (CoDeBoNa).

