
La situación de zozobra y tensión que generó la falta de combustible en la última semana tuvo recién el fin de semana definiciones políticas, de critica oficialista y opositora, pero que demuestran lo lejos que están los dirigentes de la necesidad de la población.
En breve racconto de la lenta reacción de los políticos, fue el ministro de Economía y candidato a presidente por el oficialismo Sergio Massa quien avanzó con dureza.
«Si el martes a las 12 de la noche no está resuelto el abastecimiento de combustibles, desde el miércoles no van a poder sacar un barco de exportación porque primero el petróleo de los argentinos es de los argentinos», sostuvo Massa durante una conferencia de prensa brindada en Tucumán, donde participó en el acto de jura del gobernador Osvaldo Jaldo.
Al respecto, indicó que «el sector petrolero argentino está batiendo récords de producción» y que «en algún momento hubo algunos que especularon con que seguir fuera del resultado electoral iba a haber una devaluación».
«Otros especularon con que vencía el acuerdo de congelamiento, y se hablaba de 20 por ciento de aumento o de 40 por ciento entonces guardaron», añadió Massa.
El candidato presidencial afirmó que «el sector petrolero argentino es uno de los que tiene mayor crecimiento global» y enumeró que «tiene tipo de cambio diferencial para liquidar, tiene reducción de impuestos para tener congelados los precios, tienen reducción de impuestos para importar».
La postura de Massa refuerza la primera acción que llegó el viernes, con la reunión de la secretaria de Energía, Flavia Royon, con integrantes del sector petrolero, aunque con endeble imagen para una solución del problema. Y fue por eso que en las últimas horas salió con las amenazas.
Por el lado de la oposición, y en coincidencia con la reunión de Royon con las petroleras, Javier Milei subió a su automóvil y fue a cargar nafta para capitalizar el descontento ciudadano, pero como quedó demostrado, fue recién a casi cinco días de desatada la crisis.
Esta situación que pega de lleno en la paciencia de la ciudadanía, en la alicaída economía de los comerciantes y protagonistas del espectro comercial, y la reacción de los políticos deja a las claras lo lejos que están los candidatos de la realidad urgente, de esa coyuntura que paga sin contemplaciones marcando que mas allá de cruces respecto a una determinada condición, la casta es la política en sí mismo.
La lejanía de esas miradas es el reflejo de un país que está sumido en una de las peores crisis de la historia, con una inflación galopante (al borde de la hiper) y los niveles de pobreza extremos y peores de los últimos 40 años, tiempo referencial desde el regreso a la democracia.
La crisis de representatividad avanza de manera preocupante y los dirigentes políticos no se hacen cargo de esa situación, en irresponsable actitud con peligrosa proyección de cara al 10 de diciembre, sin preferencia a quien gobierne.
La cuestión entonces pasa por saber el grado de compromiso que asumirá el próximo presidente, su capacidad en la búsqueda de acuerdos, y de diseñar una política que supere la crisis en el mediano plazo.
A 40 años del triunfo de Raúl Alfonsín, con la esperanza como factor principal de los ciudadanos luego de la oscura noche de la dictadura, la responsabilidad de los candidatos es aun mayor y deben hacer el esfuerzo para estar a la altura de las circunstancias.
